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19 de febrero de 2011

Libia: curarse en Salud

Restringir el acceso para sobrevivir.
Gible.
Luego de lo visto en Tunez y Egipto, otros países similares, árabes y despóticos, empiezan a poner las barbas en remojo. No se sabe aún con certeza el grado de catálisis que han proporcionado las redes sociales para estos fenómenos en el Medio Oriente, pero, lo cierto es que una de las primeras medidas que están tomando algunos regímenes del norte de áfrica, ha sido restringir o perjudicar el acceso a Internet, y específicamente a las redes sociales.
Las Redes Sociales, tipo Facebook o Twitter, pero sobre todo, la calle, han sido los escenarios de una respuesta inusitadamente interesante para expresar el descontento contenido por décadas en esa región tan lastrada por dictaduras y despotismos tolerados además, por occidente.
La nota de Gible versa así:
Las protestas de Túnez se extendieron a Egipto y a varios de países de Oriente. Uno de estos países es Libia, y su Gobierno con Muammar al-Gaddafi a la cabeza, está tomando medidas de censura para que la información no salga al exterior.
Según la organización de derechos humanos Human Rights Watch, al menos 84 manifestantes pacíficos habrían perdido la vida durante las protestas de ayer viernes en manos de las fuerzas de seguridad del régimen.
La mayor parte de las protestas han tenido lugar en Al Baiba, Bengasi, Zenten, Derna y Ajdabiya. En la convocatoria de estas protestas ha jugado un papel importante Internet, especialmente servicios como Facebook o Twitter.
Las redes sociales están jugando un papel importante y esto no pasa desapercibido para los gobiernos en conflicto con su pueblo.

Vía: Gible.

2 de febrero de 2011

Ante las Crisis, la primera Reacción es Cerrar el Acceso

Egipto y una lógica que ya se impone.
Infolector -blog.
Frente a la inesperada crisis en Egipto, las autoridades, los agentes del estado, lo primero que han hecho ha sido cortar las vías de comunicación y acceso a las redes sociales. Facebook y Twitter fueron las primeras víctimas del asunto.
Esto no era novedad, desde que China hiciera lo mismo hace más de un año, o en Irán, cuando luego de las elecciones, mucha gente empezó a usar el Twitter como vía de expresión de sus malestares ciudadanos. Uno podría pensar que esto es fundamentalmente reacción de los estados, esos entes envejecidos y temerosos de las corrientes de opinión en tiempo real. Sobre todo, cuando como ahora, en el caso de Egipto, son empresas privadas quienes salen a encarar el tema en favor de los usuarios egipcios.
Sin embargo, no son solo los estados y los espíritus de gendarmería quienes suelen reaccionar de este modo. Luego de lo sucedido con lo de Wikileaks, quedó claro como muchas de esas grandes corporaciones que en teoría apuestan por el acceso y en apariencia dan la batalla por la libertad en el acceso, no lo son tanto, ni lo dan tanto. Recordemos como es que empresas como amazon, google, e incluso la propia Apple, -pobre Jobs que aún trata conservar ese look de ippie-, se alinearon groseramente con el Departamento de Estado, cepillándose de pasada, toda ristra de libertad o compromiso con sus propios fines.
Algo que queda claro, es que ante las crisis, la respuesta no suele ser la apertura o el riesgo, sino, la conservación y la cerrazón más arbitrarias. Probablemente una lectura más detenida y fina de los fenómenos nacionalistas y fundamentalistas, contiene este rasgo. Ante las crisis provocadas por la globalización, o lo que conocemos por globalización, la respuesta ha sido refugiarse en esos elementos cohesivos más atábicos y conservadores como son la identidad o la sensación de pertenencia.
Y cuidado que toda esa protesta en Egipto y el Magrev, no es contra ningún fundamentalismo, sino contra los sectores laicos lastrados por la corrupción. Por lo que nada excluye que las corrientes más enérgicas quieran apostar por regímenes acaso más autoritarios pero menos corruptos, como ocurriera con los ayatholas de Irán.
Las crisis por sí mismas, no garantizan procesos de apertura. Es indispensable abandonar los espontaneísmos y migrar hacia esfuerzos deliberadamente concebidos.