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13 de agosto de 2011

Isaac, el Delfín

Isaac suárez Sánchez. 13 de agosto.
El Delfín
Así fue, naciste en invierno, un día probablemente algo plomizo como es hoy, un día de invierno aquí en esta ciudad siempre indescifrable.
Es cierto, uno no escoge a la familia, sí puede hacerlo con los amigos. Pero a tí, la familia siempre te escogió, siempre te elegimos como el más querido, el preferido en todo lo bueno y entrañable. Talvez porque eras el menor, el más pequeño, el Delfín.
Creo que dejamos la niñez casi sin darnos cuenta, la época en que el mundo parecía inmenso y lleno de deslumbrantes sorpresas, se fue casi sin percatarnos. Nos llegó la adolescencia casi como un ventarrón, como un leve huracán. Hasta entonces, habíamos jugado, competido lúdicamente, hubimos peleado, reconciliado, etc. La vida era esa leve música que uno sigue, en su ritmo, en su flujo inocuo.
Esa era la vida. Reír, jugar, cumplir algunos de los deberes, más o menos divertidamente, hacer como que la velocidad no era con nosotros, como que éramos parte de los extras de la vida. Y, no estaba mal. Al mundo le pasaban cosas que no nos concernía. se caía un muro, y solo era una noticia. se producía la primera intifada en Gaza, y nosotros, locos por ir a la playa. había harta hambre en el continente negro, y ello era un buen motivo para una buena canción We are the world, we are the children.
Por esos años, fines de los ochenta, Vargas Llosa decía sobre el mayo del 68:

... comenzaban a olvidar que el mundo siempre estará mal hecho, que siempre deberá mejorar

Y nosotros, ni enterados, absorvidos por la edad, por los ¿quince?, ¿dieciséis?. La juventud se aproximaba frenética y tú, abandonabas con calma la infancia, eras nuestro Delfín, y en muchos sentidos, sigues siéndolo aún ahora, aún ahora que ya eres tío, que ya soy padre, y que tus padres, son abuelos hace rato.
Pero, de pronto, como un temporal que no se divisa, la historia llegó a nuestras vidas, y curiosamente, no nos arredramos. No dejamos que la historia pasara por delante nuestro, ni nos amilanamos. De pronto el mundo perdía ese velo de infancia y de superficialidad ante nuestros ojos, y decidimos no voltear la cara. La vida en toda su crudeza se puso delante nuestro, delante tuyo, y no salimos corriendo. Los tiempos se encargaron de arrancarte la infancia, los juegos, la inocencia. Pero afortunadamente, nada te arrancó bondad y calidad de gente, de ser humano.
La vida ahora era riesgo, amenaza permanente, un carrusel insondable de zozobra. No recuerdo exactamente, cuándo y cómo te ví por última vez. Solo recuerdo que cuando volvimos a reunirnos yo ya no veía. Y, algo que nunca tuve ocasión de decirte, Isaac, es que a diferencia del resto, nunca sentí, nunca percibí el menor atisbo de pena, de compasión. Creo que me conocías mejor que nadie, como para comprender que no correspondía ello.
Sin embargo, el dolor vino contigo, con tu partida. Como en la canción de Silvio Rodríguez, El elegido, te fuiste entre humo y ...ruido, mucho ruido. Te fuiste como podía haberme ido yo, con un proyectil que de seguro debió esperarme a mí, en alguna calle de esta ciudad de cielo plomizo.
Partiste pocos días antes de cumplir los dieciséis, hoy ya hace veinte de aquello. Veinte años en los que la vida no ha cesado de ser como es, imprevisible, inefable, traviesa, perturbadora, y más. Aquí estamos, Isaac. con el vacío que dejaste, con el dolor inevitable, con tu ausencia convertida en memoria y más vida aún. Pero sobre todo, nos quedamos con la serena dignidad de tu imagen, el brillo de tu bondad, el don de gente que ya desde tierna edad siempre fue tu signo, y el inextinguible orgullo que llevo, por tí.
Fuiste siempre, y no dejarás de serlo, nuestro Delfín. Fuiste, qué duda cabe, más valioso y más valiente que yo. ja, es cierto. No lo digo con pesar, lo digo con una estela de sonrisa en los labios.
No estuviste aquí más de quince años y meses. Hay muchas cosas que no conociste. Hay otras que sí. Yo ando durando más que tú, y he tratado de merecerla, de merecer la vida que la historia, el devenir te prohibió. OK, vale, así son las cosas. No estamos para quejarnos, eso lo supimos desde antes. Puedo decirte esto, así:
No somos, no fuimos cobardes, no somos, no fuimos malos, malvados, creo que todo lo contrario. Y por eso, hoy puedo sacudir el polvo del olvido, y contarte estas cosas. Olvido, no el mío, sino, del propio devenir.
Hoy, en lugar de derramar algunas lágrimas, decidí tocarte algunos guitarreos de aquellos, ¿recuerdas?. Hace poco ví por Facebook, el nombre de una de tus amigas del colegio. Ya te contaré lo que es el fucking Faceboook. je.
Sí, veinte años, desde que no estás. Muy bien, es lo que nos toca, lo que nos tocó. el dolor, hemos tratado de convertirlo en una celebración de la vida, hemos tratado de hacerlo lo mejor que hemos podido. Y si algo hemos podido, es por tí, gracias a tí. Te digo esto:
No sé exactamente cómo pone la mirada Luciana, cuando mira tu foto en la sala. No lo sé. De lo que sí estoy seguro, es que cuando un día le cuente y sepa porqué no estás aquí, porqué no estás con nosotros, será un día en que mire el mundo de una forma distinta. Le diré que al parecer, la vida, siempre se lleva primero a los delfines.
Pero, Don't worry, y te devuelvo el favor, no hay penas, no hay lágrimas. Hay sí, la serena convicción de que la vida se nos hizo más intensa, y que algún significado profundo tiene el que hoy no estés aquí. Eso es, el mundo sigue casi igual de frenético, y acaso más peligroso. Nosotros seguimos aquí, caminando y dejando que la vida fluya con su misterio infinito. Ahora estaba escuchando esta canción, y quise ponerla aquí, para escucharla juntos, tengo la impresión de que te gustará.
NO he perdido, ni un segundo, la admiración que siempre me inspirasste, hermano. Hombre valiente, y por cojones. Isaac, pequeño delfín, termino diciéndote que continúas aquí, entre nosotros en cada instante vital que nos toca.
Post scriptum: Sandy llamó de Italia, y han celebrado con la familia que está allá, en Roma, con vino de la campiña, y en tu nombre.

29 de julio de 2011

Marta

Una Oda a la cultura de la doctora.
Power Dog
Estremecedora la convicción, eurocéntrica la performance de la doctora. Ella es todo acrimonia, todo dicterio para con el común.
Nunca puede dejar de comparar, compararse, con el socialmente inferior, el socioeconómicamente menor.
"Un especialista científico no puede discutir con un alfabeto"
dice. Su encono, no es contra el mal, contra lo perverso, su encono e intolerancia es con los analfabetos, los poco afortunados en el acceso a la educación. No tiene modales, el adocenamiento no le es ajeno. Pero, se reputa de nivel, de altura cultural. Se reivindica superior, se reconoce más que la mayoría. sin embargo, tiene una debilidad: El Poder.
El dinero no le es significativo, menos, la cultura. Lo es, El Poder. Solo reconoce lo occidental, como timbre de culto, respetable y digno. Desconfía de todo lo no occidental, excepto, si está vinculado al poder.
Se refugia en el cuento de la cultura, que en el fondo es resultado de lo que se cultiva. Sin embargo, exhuda moral de casta. Únicamente lo que tiene ranzio abolengo, lo que es de casta, de apellido compuesto, blanco y occidental, le merece consideración. Todo lo demás, incluso aunque ostente cultura, le resulta despreciabble o desconfiable.
Si es blanco, aunque sea fumón, o ladrón, lo acepta. Si es cholo, aunque sea culto, lo rechaza. Si es cholo, fumón o ladrón, es la escoria terminal. si es blanco y culto, mejor que mejor.
Ha, pero hay algo que puede salvar, ante la doctora, a alguien que no es blanco. Y, curiosamente, no es la cultura, la autoedificación personal. Sino, el poder. Alguien no blanco, un cholo, un mestizo, un criollo, puede alcanzar el estatus de blanco, sí y solo si, tiene PODER. Ni el dinero, ni la cultura logran eso, ante la doctora. Lo logra, el poder.
El chino Velazco, era, podía haberlo sido ante la doctora, un cholo, un
cachaco mediocre.,
como lo ha sido Humala. Pero, como era el general, el presidente, el mandamás político, no tuvo empacho, esta Marta de los cojones, en trabajar para él, para el cachaco mediocre. A Humala lo catalogó de lo mismo, y hoy, que ya es presidente, hoy que ya luce la banda presidencial, entonces, ya no le parece tan cachaco mediocre.
Esa es la ética y la estética de Marta, la doctora. Una ninguneadora, una choleadora típicamente limeña, genéticamente mazamorrera. Pontifica sobre el uso de la lengua, usa y abusa del mal uso de la lengua entre nosotros, para denostar, para vituperar, y sentenciar al peruano de hablar estándar, o sea, mal. Claro, ella no tiene rubor de usar el peruanísimo igualito en lugar de igual o lo mismo. Porque, como ella es la doctora, la gurú de la mayoría de nuestros escribientes, o, malescribientes periodistas, todos están, ¿estamos?, obligados a aplaudirle cada gazapo, incluso, lexical.
Desafortunadamente, desgraciadamente, alguien un buen día, decidió conferirle a esta venerable dama, patente de corso para instituirse como censora del bien hablar. Error, avisen a los compañeros, Marta, la Hildebrandt nuestra de cada día, no es garantía de ningún bien hablar, ni menos de algún bien pensar.
Sorry Marta, no eres tan, como tan quisieran tomarte en Lima. No eres iconoclasta ni apóstata. Eres sí, disminuyente del común, y claramente hostil del que no pinta como aristocrático, o por lo menos, occidental.
Tu rollo, en el fondo, Marta, no es la cultura, sino, el poder. Le puedes perdonar, incluso maquillar, a un mal hablante como Fujimori. Pero lo haces, por aquello, por lo del poder.
Tampoco es que seas un dechado de algún bien hablar. No no no no. tu
igualito
te delata. Sorry Marta, las cosas como son. ¿Te gusta lo crudo y el desparpajo?. Toma mientras, estimada Marta.

15 de julio de 2011

Webtrolls y El Síndrome del vivo

Un tal @gonzaliux en el estercolero.
Larry, Moe y Gonzaliux
Resulta harto significativo notar como esa cultura muy peruana, muy tristemente nuestra, el de apelar al recurso barato, al desplante simplón, al chiste escolar, para apuntalar posiciones o perspectivas, sse traslada con tanta ligereza a las redes. Traslación, transferencia que puestas en los circuitos de la web, sean del FB o del Twitter, adquiere resonancias básicamente antihigiénicas.
El problema, lo grave está en que muchos de estos carcamanes, se la creen. Es el caso, por ejemplo, del tal @gonzaliux, un perfecto hijo de vecino, que pretende pasar sus rabietas malsonantes de resentido, por ingeniosidad, por graciosada criolla. Evidentemente, el problema no es solo que gentes así se la creen, sino, que además, su entorno no tiene la entereza de avisarles que algo no corre en su performance. Y, toda su singlatura de baja estofa, termina convirtiéndose en spam, en arrebatos de troll.
Sí, es cierto, estoy escribiendo sobre nadie, vale. Así es. Pero, lo no desdeñable de un tema tan aparentemente irrelevante, está en que detrás de estas manifestaciones irrisorias o no, se encuentra lo que en otro contexto, hemos denominado el síndrome del vivo.
O sea, el conjunto de síntomas, de malestares culturales que fluye en el imaginario peruano, que pretende pasar por virtuosismo, pero que en el fondo, termina siendo excrecencia perjudicial, insalubre, para los lazos y el tejido social nuestro, peruano.
El síndrome del vivo se expresa en el conductor aquel que por querer ganarle al de a lado, y termina atorando todo un cruce vial. O, el que por ahorrarse gastos, carga su plata en bolsas, y termina esquilmado. O, el que responde con arrebatos de patán, pero que termina más acomplejado que nunca, como podría ser el caso de un tal @gonzaliux.
En fin, que le hacemos, toca subrayarlo, decirlo, compartirlo, y nombrarlo, para que no se esconda, para que ese síndrome no pase tan inadvertido, para que siga haciendo menos daño del que tanto ya ha hecho por estos lares.

7 de mayo de 2011

Luciana

Ese pedacito de fuego en mi vida.
Luciana
Hoy, debido a uno de los cursos que lleva Paola me quedé solo con Luciana, la pequeña que forma parte de nuestras vidas, desde hace dos años y cinco meses.
Hasta hace relativamente poco, lo mío ha sido fundamentalmente asistir, apoyar, cubrir, casi tercerizar en las necesidades de Luciana. Pues, Paola lo ha llevado solventemente desde el primer día. cuidarla, alimentarla, bañarla, cambiarla, arroparla, arruyarla, cantarle, etc. Yo, he hecho mi mejor esfuerzo, he procurado estar a la altura de las circunstancias, sobre todo, con el estremecimiento que supone el hacerse cargo de esa vida pequeña que flota y discurre entre nosotros, en todo momento y de manera total.
Pero hoy, como ya varias buenas veces, me he tenido que quedar a cargo de ella. Y como no había tenido ocasión antes, he disfrutado del modo más natural y pueril posible. Me caí sentado, y nos reímos juntos con Luciana. Le pelé unas mandarinas, y hablamos mientras lo hacía. ella, preguntando, y yo, tratando de cubrir sus curiosidades. Ella, pidiendo más volumen al DVD para seguir mejor a Barnie, y yo, corriendo para atender su solicitud.
Yo, tratando de leer y escribir algo, pero, dejándolo todo, cuando llegaba su llamado. Luciana parece darse cuenta que cuando estoy en la PC, me captura una especie de adicción perversa. Y, por lo cuál, según intuyo, trata de ser delicada. Lo cuál me conmueve hasta no más.
Hoy, sentí más que nunca, su compañía, su presencia como ese pequeño otro que es junto a mí. No era ya solo la enanita que solo ostenta alguna necesidad, sino, una personita que es ya en sí misma, una compañía, con la que regamos las plantitas bebé, como llamamos a unos juveniles arbustos de pimientos que hemos sembrado en unos grandes maceteros, o, cuando nos vamos a la terraza de la casa a jugar con las pelotas, o, cuando pide subirse al pedalero del pequeño gimnasio de la casa.
Pocas veces puede resultarme tan enternecedor hablar y escribir sobre Luciana, la pequeña Luciana, que seguramente cuando en algunos años lea este post, si la blogósfera se mantienen hasta entonces más o menos como ahora, y constate la emoción de estos momentos, de estos precisos momentos en que escribo de ella, le prouducirá, muy probablemente, algún rubor adolescente, o alguna sonrisa juvenil.
Bueno pues, Luciana, cuando puedas por tí misma leer estas líneas, talvez, estaré embarcado en alguna aventura espiritual, o sencillamente personal. Y, sin embargo, el cariño que nos produces a mamá Paola y a mí, no solo habrá crecido tanto y tanto que ahora no imagino, sino que habrás confirmado que la vida ha sido endiabladamente generosa conmigo, solo y solo por el hecho de tenerte conmigo, de que estés aquí y ahora. Esta vida que en algún momento se ha llevado a algunas personas valiosísimas, se las ha arreglado para darme, quizá en compensación, simplemente no lo sé, para darme decía, la más exaltadora felicidad imaginable.
Cuando por fin puedas leer esto, en algunos buenos años, la vida nos habrá puesto otras tantas nuevas cosas. Lo que no habrá podido modificar, y de eso estoy enajenadamente convencido, de la felicidad que me significa saberte entre nosotros, oír tu voz, acariciarte el cabello, cobijarte dormidita.
Te quiero del modo más violentamente enternecedor, que es como me inspira tu presencia, tu existencia y tu fueguito, ese fueguito que me abriga ahora y por siempre. Confieso que no tenía un motivo especial para decirte eso justo ahora, simplemente me lo provocaste tú, me lo inspiraste con ese modo tan indescriptiblemente mágico que tienes para ayudarnos a vivir, a seguir y a continuar viviendo esta vida que gracias a tí, adquiere más color, más música, y más fueguito como el que solo tú puedes darle a nuestras vidas.

11 de febrero de 2011

No Woman No Cry

Para tí Sandy, hermana mía. Para que cuando caigan las lágrimas, dances suavemente, aunque sea con lágrimas en la mejilla, y recuerdes que nada nos puede tumbar, estamos hechos para las tormentas y y los temporales adversos.
No woman no cry - Bob Marley - Youtube.
(No Llores Mujer)
No llores mujer
Recuerdo cuando solíamos sentarnos
En la plaza de gobierno de trenchtown.
Observando a los hipócritas
Mezclarse con la gente bien que conocemos,
Que buenos amigos hemos tenido,
OH muy buenos amigos hemos perdido en el camino.
En este futuro prometedor no puedes olvidar tu pasado,
Así que seca tus lágrimas.
No llores mujer
No llores mujer
Pequeña, no dejes caer mas lagrimas.
No llores mujer.
Y dije, recuerdo cuando solíamos sentarnos
En la plaza de gobierno de trenchtown.
Georgia encienda la fogata,
Los maderos ardían toda la noche
Cocinamos sopa de maíz
Que comimos juntos.
Solo con los pies me desplazo,
Así debo seguir,
Pero, mientras parto...
Todo estará muy bien.
Todo estará muy bien.
Así que, no llores mujer
No llores mujer.
Pequeña, no dejes caer mas lagrimas.
No llores mujer.

17 de diciembre de 2010

Luciana, cuando seas grande ...

Quisiera que nunca crezcas, porque el mundo de allá afuera, no es nada tierno.
Youtube.
Ayer acaba de cumplir años mi hija, la que prolongará nuestra existencia. Dos años, dos años que han corrido alucinados con una forma de ser y de percibir la vida. No sabes con cuánta energía deseo que el mundo, para cuando tengas que enfrentarte a él, sea un poco menos salvaje de lo que ya es ahora.
Te lo digo, te lo canto a través del viejo Cat Stevens:
Wil World de Cat Stevens.
Wild World
Cat stevens
Ahora que he perdido todo de ti,
tu dices que quieres empezar algo nuevo,
y eso parte mi corazon tu te estas yendo,
bebe eso me aflije.
Si te quieres ir cuidate,
espero que tengas muchas cosas buenas para ponerte
pero alla afuera hay muchas cosas q se tornan mala.
Oh bebe bebe es un mundo salvaje,
es dificil sobrevivir solo con una sonrisa,
oh bebe bebe es un mundo salvaje,
yo siempre te recordare como una niña, joven.
Tu sabes que yo he visto lo que el mundo puede hacer,
y eso parte mi corazon en dos,
porque no te quiero ver triste nunca, niña,
no seas una niña mala,
pero si te quieres ir cuidate,
espero que hagas muchos amigos alla afuera,
pero solo recuerda hay muchas cosas malas ten cuidado.
Oh bebe bebe es un mundo salvaje,
es dificil sobrevivir solo con una sonrisa,
Oh bebe bebe es un mundo salvaje,
yo siempre te recordare como una niña, joven.
Bebe te amo,
pero si te quieres ir cuidate,
espero que hagas muchos amigos alla afuera
pero solo recuerda hay muchas cosas malas ten cuidado.
Oh bebe bebe es un mundo salvaje,
es dificil sobrevivir solo con una sonrisa,
Oh bebe bebe es un mundo salvaje,
yo siempre te recordare como una niña, joven.

Luciana, te quiero y sueño el día en que cantemos juntos esta canción.

26 de noviembre de 2010

El Post Nº 200

Rumbo al Quinto año.
Indagaciones del Unicornio.
Con este, se completan los primeros doscientos posts de esta bitácora, que, más bien, podríamos definir como discreta, por no decir, poco conocida. Sí, así es. Este espacio la han visitado unos pocos lectores, pero que intuyo que no lo han hecho por distracción o por simple ocio.
En todo caso, queremos dedicar este post, a aquellos a quienes algo le dijo o le dejó este blog. Sí, suena hasta melancólico. Pero, que le hacemos.
Vienen los siguientes cien o doscientos, si el cuerpo aguanta. Espero que antes de esos siguientes doscientos, ya habremos cruzado la línea de la edición.
Salud y vida para todos los urgadores de estas 'Indagaciones del Unicornio'.

10 de noviembre de 2010

Para Llegar al Paraíso

Cuando Visitar la Tierra del Tío Sam Puede ser un Juego de Vida.
Sales del país porque este ya no te da nada, no te ofrece futuro, y has decidido que tu vida y la de tus hijos, dependen de algo, alguna suerte, fuera de estas tierras. Cargas con lo que tienes, endureces el corazón, te despides de los tuyos como se debe, o sea con tono y chupeta de a de veras, y alzas vuelo.
Recorres tierras que nunca habías visto, y probablemente no volverás a ver. Todo el Ecuador parece apacible, lo es, y también es hermoso. Entras a colombia, siempre por tierra, y la belleza aumenta. corre el rumor de que hay zonas peligrosas, pero, no llegas a constatarlo. Entras en una ciudad que es más bella aún, todos, todos los que van en busca de un sueño, se instalan en una casa muy cerca de un gran y famoso estadio de futbol.
Les advierten que por la noche no hay que andar fuera, pues, la cosa se suele poner fea al ponerse el sol. Estás en Cali, una de las dos ciudades más bravas, más violentas de la colombia de mediados de los noventa.
Por fin, les consiguen a todos sus documentos, los arreglados, para poder viajar en avión, como turistas o como hombres de negocios. Todos arreglados, bien ataviados, se suben a la cosa esa grande y con alas. Es la primera vez que te subirás a un avión, y lamentable que no haya sido en tu tierra. Llegas a Guatemala, y ya desde el aeropuerto, la cosa se pone fea. Todos, todos los que van en el mismo plan tuyo, hacia los EEUU, son abordados por niños, y conducidos a sendos taxis. Como son veinte, se dividen en grupos de a cuatro o de a tres. Todos deben dirigirse a un hotel previamente indicado. Todos llegan, excepto un grupo, a quienes los llevan a un descampado, asaltan y desvalijan de todo lo desvalijable. Llegan al fin al hotel, sin un puto cobre. La indicación del guía, o más conocido como "coyote", es la de no salir por la noche. Pero, a nadie se le antoja siquiera salir de día. Todos están nerviosos, asustados y temerosos de estar en un país extraño, con gente extraña, y encima, como ilegales. Pues, a estas alturas, ya nadie conserva sus identidades reales. Todos han abandonado sus nombres, su nacionalidad, y, a instancias del coyote, incluso sus acentos. Todos deben parecer guatemaltecos, y si es posible, mexicanos, aún sin haber estado todavía en Mexico.
Por la noche, en el hotel, se arma una juerga del carajo. Nadie puede descansar, nadie logra dormir. Deciden salir y hacerle frente al tono, a la fiesta que se ha armado en el salón principal del hotel. Mariachis, orquesta, mucho trago, mucha bullanga centroamericana.
Ella, una joven peruana, ingenua e inocente, se la ha pasado mirando la mano, y sobre todo, los anillos tan llamativos del mariachi principal. Un mexicano en toda regla, bigotes gruesos, sonrisa permanente, y voz alta. Este, el mexicano se da cuenta, y le dice a la peruana: "¿te gusta?. Puede ser tuyo, ¿he?, si vienes conmigo y me enseñas que tal son las peruanas jóvenes, este anillo puede ser tuyo ...". La peruanita se ofende, niega rotundamente la posibilidad, y luego se asusta. A la noche siguiente, todos están descansando, repartidos en varias habitaciones, y en la tuya, tocan la puerta a eso de las tres de la mañana. Insisten, tocando más fuerte. Uno de los compañeros de viaje, abre la puerta y pregunta quién es. Son unas chicas, de acento típicamente centroamericano, y saludan: "hola guapo, mira, somos varias chicas solas, y talvez quieras compañía". "No, compañía ya tenemos", responde el peruano. "Pero, te damos compañía con sexo, vale?", "No, nosotros no pagamos por sexo", responde y cierra la puerta. Después les explican que son chicas de algunos países de centroamérica que también se dirijen a EEUU, pero que en el camino se han quedado sin dinero, y tienen que agenciárselo de alguna forma.
Todo aquí, en este hotel centroamericano es peligroso, es mal intencionado, y está casi preparado para sacarte dinero o, desvalijarte directamente si fuera posible.
Llega el aviso de que van a pasar la frontera mexicana. Van a tomar un bus que los dirijirá hasta cierto pueblito fronterizo, y los dejará cerca, muy cerca del río que divide Guatemala de México, pero a eso de las dos de la madrugada. Todos se embarcan, y van llegando por grupos, hasta completar los veinte. El coyote parece conocer la zona al detalle. Primero van cinco, y entre ellos estás tú. Se aproximan a lo que parece ser una de las orillas del río. El coyote baja un poco hasta el borde, otea, y más adelante ubica lo que estaba buscando. Se trata de un armazón tan frágil como ridículo, de unas cuantas cámaras de llantas, unidas con sogas, sobre lo que han logrado acomodar unas tablas simples. Se trata de un remedo de balsa, precaria hasta el ridículo. Suben todos, y subes tú. La cosa esta se tambalea, el frío jode a estas horas de la madrugada, y el coyote sigue como remando hacia una zona más abajo, donde por fin se decide a acercarse a la orilla, y les apura en bajar, y les dice casi como zuzurrando: "¡rápido,, rápido!. Nos reunimos en la choza aquella que tiene fuera un cartel de Coca Cola, ¡rápido!". Todos corren, tratando de no hacer bulla, pues están en una suerte de aldea miserable. Los perros enpiezan a ladrar, y el puto cartel no se divisa por ningún lado. Hasta que alguien, dice en voz muy baja: ¡Aquí está!, ¡el cartel!". Todos se dirijen allí, y entran. El sitio está vacío, y hay un holor a barro, a tierra húmeda. El siguiente grupo llega unos quince minutos después, y así van llegando de a pocos hasta completar los veinte.
Al día siguiente, el coyote manda a comprar comida de la zona, y por fín conoces las famosas tortillas mexicanas. Todos empiezann a conocerse un poco más, tú, cuentas algo de tu pasado, y vas conociendo parte del pasado de tus compañeros de viaje. Hay tres chicas, algunas señoras, varios patas, y señores que han dejado una vida de aprietos, de frustraciones, y demás cargas en la vida, en busca de ese soñado paraíso en el norte.
Al día siguiente, el coyote anuncia que van a desplazarse en bicicletas hasta cierta zona, pues el plan es ese, y solo allí les recojerán en auto. el punto es que tú no sabes manejar bicicleta. Y, la cagada. ¿Ahora cómo hacemos?. El chico, de unos diez años, que parece ser contacto y ayudante del coyote en la zona, dice: "Yo lo llevo". "Bueno, dale, vamos", acepta el coyote.
Así que salen, sales en bicicleta. Son de esas bicicletas en tandem, y tú vas a tras, guiado por el pequeño mexicanito este, que parece ser una bala con la bici.
Por fin llegan al lugar señalado, y la indicación es subirse al árbol y esperar hasta que pase una suerte de coaster, que al toque de tres claxons, habrá que bajar rápido del árbol, y subir sin demora para no quedarse. llegas, todos están ante el árbol, y se dan cuenta de que el árbol tiene de todo. Desde gradas y hendiduras adaptadas para meter los pies, hasta especies de nidos, asientos, y acomodos en sus ramas. Todos caen en la cuenta de que dicho árbol sirve de reposo y cobijo para tantos migrantes y viajantes hacia el norte, hacia los EEUU.
Llega la noche, todos la han pasado algo ya incómodos, pues, un árbol es un árbol, y una rama es una rama. La indicación es que a eso de las once de la noche, pasará el bus aquel que deberá recojerlos. Parece demorarse algo más de lo pensado, pero, por fin, hay un bus que se acerca un poco al árbol, y suena el claxon tres veces. Todos a bajar rápido. ¡Vamos, rápido, que se va el bus!, dice el coyote.
Todos se suben raudos al bus. Y, no han avanzado ni media hora, cuando una patrulla los detiene, y entonces, conocerán una de las más reconocidas tradiciones e instituciones mexicanas.
"Todos, quedan detenidos, documentos por favor". ....
Continuará.

23 de febrero de 2010

El Nuevo Terrorismo en el Perú

Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz ....
Ayer 22 de febrero, una vez más, como casi todos los días, se produjo, con toda seguridad, una inescrupulosa maniobra de un chofer, que trajo como consecuencia, una verdadera carnicería con 38 muertos. Sucedió en la provincia de Virú, en la Libertad, y, desgraciadamente, no fue la única tragedia automovilística de ayer. También hubieron muertos en cuzco, en chanchamayo, y en cajamarca. cincuenta y dos muertos en total, solo ayer lunes. Hoy, por la mañana mientras me desplazaba al trabajo, salía salía la noticia de un nuevo accidente en la misma región de ayer, La Libertad.
Mientras pensaba en como es que esta cultura sin ningún escrúpulo que ostenta el conductor peruano en general, se ha convertido en más letal que el propio Sendero Luminoso, recordaba la legendaria pregunta de Zavalita, en la novela "Conversación en La Catedral" de Vargas llosa, "¿cuándo se jodió el Perú?". Y, pensando en todo este desangramiento que se ha incrementado en los últimos años, como consecuencia de nuestra cultura chicha en el ámbito vial, se me ocurría que el Perú debe haberse jodido, cuando la informalidad, eso que llamamos "cultura chicha", se metió, se instaló en nuestra genética cultural.
Esa informalidad que tanto fue destacada por Matos Mar, como por Hernándo de soto, en "el Otro sendero", hoy se está zurrando en la vida nacional. Esa idea de que el peruano es muy creativo para subsistir, que es casi digno de admiración por saber sacarle la vuelta a las normas, es sin lugar a dudas, el peor cáncer que está destruyendo nuestra vida colectiva.
Uno se pregunta: ¿qué diablos pasa por la cabeza de ese conductor que, podría demorarse un poco, pero, no lo hace. Sinó, que quiere sacarle ventaja al camión de adelante. ¿Qué demonios pasa por la cabeza de la autoridad, de ese inspector que pudiendo impedirle conducir a ese mequetrefe que a todas luces no va a respetar las normas; pero, que igual, por cincuenta o cien soles, le concede el permiso de conducir. Y, da lo mismo que sean costeños, serranos, limeños, pobres, o acomodados. Todos son vivos, todos pendejos de media hora.
Pero, sigo: ¡qué carajo pasa por la cabeza, de esas personas que, por no gastar ochenta o cien soles en un servicio de transporte más seguro, prefieren invertir veinte soles en ruta, para luego sacrificar a sus hijos, familiares y sacrificarse ellos mismos, en ese ritual de la muerte que se está convirtiendo viajar en este país.
Esa impasibilidad del peruano, ante el riesgo absurdo, ante el facilismo de evadir los controles, pero, que a menudo, lo lleva directamente a una muerte grotezca e innecesaria, me tiene hace rato perplejo. No entiendo como es esa vocación del peruano, que se entrega los fines de semana, a celebrar no sé que sentimientos, que llora por algún amor perdido, con la música de Segundo roceros, o de los huaynos con arpa, donde gastan en trago, como si el mundo se fuera a terminar, pero, que luego, en lo que les toca hacer en serio, como realizar su trabajo, como es el conducir una unidad de transporte público, se van a portar como el peor de los rufianes, llevándose por delante lo que sea, tirándose carteles, carretas, personas, etc.
no entiendo este temperamento peruano. no entiendo cómo vibra por su tierra, como canta con pasión los valses de Lucha Reyes, los huaynos de Dina Páucar, las cumbias de Juaneco. pero, en el día a día, pareciera que odian la realidad que les rodea. pareciera que les apestara el medio que les rodea.
Y, tampoco entiendo como nos horrorizamos con grupos como Sendero Luminoso, y los condenamos de manera terminal. Pero, hoy, que casi como parte de guerra, como reporte bélico, todos los días nos informan de los muertos y las tragedias acaecidas en las carreteras peruanas, y, sin embargo, no mostramos la menor intención de hacer una marcha por la vida, una marcha, o algún gesto ciudadano contra esa perversa tendencia a manejar como animales que se ha instalado entre nosotros.
Esa informalidad, esa cultura chicha, cultura combi, pero también esa impasibilidad, esa tibieza nuestra ante una tragedia actual como es esta cultura nuestra, es lo que no solo está jodiendo al Perú, sinó, que eventualmente, corre el riesgo de destruirlo.

18 de febrero de 2010

La Vaca no se acuerda

Faverón y sus rumias éticas.
El crítico atraviliario Gustavo Faverón, en su último post, se pregunta: ¿Qué Pasa?, en el que, tras una somera y ligera revisión de algunos blogs, nos suelta una serie de quejas acerca del nivel de la blogósfera peruana, pero, en especial, una queja a grito pelado, sobre lo que para él es el bajo nivel al que habría llegado el Blog colectivo: Gran combo Club.
Sucede, sencillamente, que casi sin percatarnos, insurgió un blogger bastante ácido y puntilloso, tanto que ha dejado al propio Faverón, como una zapatilla made in Av. Argentina. Faverón no se acuerda, o, mejor dicho, olvida adrede, cuando le dijo "miserable" a Carlos Quiroz, cuando en un rapto homofóbico, insultó groseramente a Reaño, cuando a mí mismo me llamó troll, o sea, distorcionador de debates, porque simplemente mis coments disentían con los suyos, o cuando ha llamado ignorante a tantos y tantos, entre ellos a rodolfo Ibarra.
Este espíritu afligido y consternado, el de Faverón, hoy se desgarra internamente y repta por las paredes de su habitación, al leer las cosas ciertamente provocadoras y altisonantes que Ricardo Alvarado escribe en sus posts. Es capaz de clamar justicia e invocar el fuego del cielo, para castigar a otros, pero, él mismo, cuando innecesariamente violento, agredió y fustigó a quienes se animaban a disentir de él, pero, absolutamente incapaz de auscultarse a si mismo en aras de una postura de equilibrio y razonabilidad.
Judío-fascista le ha dicho Alvarado, y, sospechamos que eso debe haberle quemado hasta más allá de su próxima vida a Gustavo Faverón. Sucede pues, que tal es la lógica de la pluma fácil, el gatillo alegre, el teclado convulsivo.
Ya casi se ha parecido a bayly. Cuando jodo, cuando maltrato, la cosa es divertida y rica. Ha, pero cuando me cae a mí, cuando la jodienda me alcanza, no, eso no!. ¡Justicia!, ¡llamen a la policía!. O, en el peor de los casos, "taxi, ¡taxi!.

1 de febrero de 2010

Las Filípicas de Herbert

Un blog Indispensable.
En estos días me llegó el mail del escritor Herbert Morote, para darnos la grata noticia de que inaugura su blog personal donde compartirá sus impresiones, perspectivas, aprehensiones y sobre todo, las lúcidas observaciones de la realidad actual.
Creo que es una feliz noticia, porque en la hora actual se necesitan voces disidentes pero lúcidas, inconformes pero esperanzadoras. Por esta y por la excelente pluma del buen Herbert Morote, recomendamos de manera especial las filípicas de Herbert Morote.
Consignamos su invitación personal:
Anuncio a los amigos
"LISTOS PARA ZARPAR SEÑOR CAPITÀN"
Setenta y cinco años es buena edad para comenzar a tomarse en serio la partida, aunque la verdad es que la he tenido presente desde hace muchas décadas. Quizá seguí el ejemplo de mi padre, que parecería haber leído que en lo único que coinciden los filósofos es que para disfrutar de la vida hay que tener siempre presente la muerte. Llegado a estas alturas ya no importan los éxitos o fracasos que pude tener, todo se ve ridículo ante la tumba. No por eso espero con quietud monástica la hora de la verdad. No, no puedo irme en paz sin haber ajustado cuentas con varios asuntos que serán objeto de este esfuerzo.
He escogido la filípica y el blog para descargar mi ánimo porque, por un lado, son muchos los temas que quisiera tratar y el ensayo requiere mayor tiempo, y tiempo es lo que me falta ahora. Por otro lado los ensayos de esta naturaleza son boicoteados sin el menor pudor por el sistema en que vivimos, sino que lo diga Chomsky.
El blog de Internet es la esperanza que tenemos los disidentes para escabullirnos del control mediático y hacer llegar nuestra voz de protesta.
Les deseo una buena lectura en mi blog www.filipicasmorote.blogspot.com y abrazos
Herbert.

31 de diciembre de 2009

Último Post del 2009

Se acaba, ya se va.
Técnicamente falta una hora para las doce,, y se produzca el cambio de calendario. Un año complicado, ajustado y a menudo esfixiante.
Muy bien. llega otro que tendría que ser mejor. pero, igual da. Estamos para jalar, para resistir. Básicamente espero no repetir el coro del Gran combo, ese que decía: ".. si el año pasado tuvimos problemas, quizás ......".
Este año se fue gente valiosa para mí, como Loty en Valparaíso, Chile, John Updike, EEUU, y hasta el zambo Cavero en Perú.
Vaya este último post del año, con las expectativas de un 2010 bárbaro y travieso.

21 de enero de 2008

Ciudad

Salgo a la calle, me dirijo al paradero. El cielo semi oscuro de la mañana ofrece el trasfondo de una melancólica ciudad. Las unidades de transporte, las combis, las custers y los omnibuses, se enfrascan en verdaderas disputas por recoger pasajeros. Los gritos de los cobradores llenan la mañana y el paisaje.
Subo a una custer. La radio del carro inunda el espacio interior. El viaje será largo y de seguro permaneceré de pie. La gente no conversa. En Lima, la gente que no se conoce, por lo general, no conversa. Pueden viajar media hora o más, juntos, pero rara vez entablarán conversación; en esta ciudad impera un clima, un retintín a desconfianza y a molestia. Algunos hablan por celular y muy seguido suben vendedores a contar sus desgracias personales.
El mayor ruido viene de la radio y el cobrador que no para de gritar y llamar a la gente.
Siempre los empujones incómodos e impertinentes; pero, ya todos acostumbrados a ello.
Luego de cuarenta minutos, llego a mi destino. El Sol ya ha salido, y el aire ya se ha cargado con las emisiones de monóxido. Avanzo acelerado; voy retrasado. Un par de choferes se insultan, un vendedor pugna con el cobrador por subir a vender para ganarse la jornada y algunos perros aún somnolientos, husmean las esquinas en busca de comida.
Con la mañana avanzando, sube el calor y sube también la neurosis cotidiana. La mañana se vuelve día y luego, ésta deviene inevitablemente tarde. Hablar, explicar, convencer, escuchar, observar la sucesión de escenas, a veces aprendiendo, a menudo soportando, y la fornada empieza a declinar. Los días pasan, la gente pasa, el Sol pasa, aunque vuelve de vez en cuando, y crece la sensación de que algo va faltando. Algo de intensidad nos va mezquinando esta ciudad despiadada.

19 de noviembre de 2007

Dos semanas y Media

Cuando se adquiere algún hábito fuerte y de pronto éste se ausenta, resentimos el cambio con algo de sorpresa.
Pero, cuando ese hábito tiene que ver con el trabajo y el día a día, la cosa puede tomar proporciones de angustia y hasta de desesperación.
Hace ya más de tres semanas sufrí el colapso de mi computadora. El disco duro, la zona donde se aloja toda la información que contiene el sistema, dejó de funcionar de un momento a otro. Todos los esfuerzos fueron realizados. Desde llamar al amigo, luego al especialista, hasta la consabida visita a Wilson Valley. Pero finalmente, nada se pudo hacer.
No quiero entrar en detalles sobre las cosas valiosas que perdí en este naufragio informático; pues podría deprimirme nuevamente. Tampoco quiero desgastarme en las reiterativas recomendaciones de precaución con la información electrónica y los respaldos de distinta índole.
Simplemente pensaba en que aún en la era de la información y los repositorios virtuales, el riesgo de perder documentación valiosa sigue vigente.
Evidentemente, es un escándalo que lo diga un bibliotecólogo de esta época como el suscrito. Nosotros que recibimos, en la universidad, cursos sobre conservación y protección de documentos en distintos soportes.
Así es. A menudo se piensa que tales medidas son para las instituciones, para el trabajo, y que a uno nunca le va a pasar.
Sin embargo, fueron dos semanas y media. Dos semanas y media sin poder trabajar con la amiga que me ha acompañado por cerca de tres años sin quejarse, sin reclamar nada, y con toda fidelidad por mis propósitos.
Había adquirido el hábito de trabajar al amanecer. Era una especie de conspiración en medio de una ciudad durmiente. Todo lo que leía y más recientemente, todo lo que estaba escribiendo, había sido básicamente realizado en las madrugadas. Hasta que en el momento menos esperado, zaz. No hubo más madrugadas, más lecturas, más ejercicio escritural.
Dos semanas y media usando computadoras de prestado y totalmente ajenas a mi ritmo. En fin. No hay duda, los tiempos nos han hecho unos “PC workers”; o, como se dice ahora, unos “networkers”, totalmente sujetos y atados a la impronta informática. Nos hemos hecho unos infodependientes. El teléfono ya no nos llena. Necesitamos más. Pareciera que la simple conversación no basta. Necesitamos sentir que estamos en la red, que algo de nosotros discurre en este nuevo oráculo que es la red de redes.

15 de diciembre de 2006

UNOS DÍAS EN TRUJILLO

Recientemente tuve la oportunidad de estar unos días por la ciudad de Trujillo y confieso que me resultó gratamente interesante, tener la posibilidad de contrastar ciertos matices de la vida cotidiana en Lima con las de esta bella ciudad.

En realidad solo fueron dos días. Y, debido a las actividades que debía realizar, me fue imposible disfrutar de todos sus atractivos. Sin embargo, precisamente, dentro de esta rutina frenética pude vivenciar cosas que quisiera compartir en esta pequeña crónica.

La urgencia de estar en Trujillo aquel fin de semana, me obligó a viajar por avión y de noche. De modo que todo empezó cuando me encontré sentado en uno de los asientos del pasillo en uno de los vuelos de Lan Perú. De pronto escuché un tumulto de gente evidentemente extranjera.

Deduje por la voz, que la mayoría era gente adulta en plan de vacaciones o en algún tour de aventura, porque, para venir al Perú, hay que tener un cierto espíritu de aventura.

Ese sábado para mí había sido super ajetreado. No había tenido ocasión de almorzar. Por lo cual, a eso de las ocho y treinta de la noche, el hambre empezaba a producir sus primeros estragos en mí. Yo estaba tratando de ordenar el plan de actividades previsto para esos días y de pronto, percibo que alguien deseaba entrar a uno de los dos asientos hacia la ventana. Yo dudé un instante si ponerme de pié o preguntarle si es que deseaba algo. Solo atiné a encoger las piernas y cederle el paso diciéndole: “Go a head”, en mi inglés a media caña. Felizmente entendió y me dijo algo así como gracias muy amable en un inglés que identifiqué como el típico americano. Se trataba de una veintena de turistas norteamericanos reunidos en grupos , muy entusiastas que se dirigían a Trujillo; probablemente a conocer las ruinas de Chan Chan o las playas de Huanchaco.
Cuando llegamos, bajé en medio de este grupo de turistas, por supuesto, yo, con más hambre que entusiasmo.

José Zevallos, un colaborador de CIDESI, debía esperarme en el aeropuerto. Él es de Trujillo, conoce la ciudad y había viajado el día anterior. Pero una descoordinación con el uso de los códigos de llamada local y nacional me impidió avisarle a tiempo que ya estaba partiendo. De manera tal, que a mi llegada no estaba en el aeropuerto de Huanchaco. Yo tuve que aplicar el plan B. Es algo que suelo prever en algunas de mis actividades poco rutinarias. Así es que decidí llamar a mi amigo Heber García. Un buen amigo, ciego como yo.

Una señorita de Lan me guió desde el avión hasta la zona de los taxis. Quería asegurarse que me fuera muy bien atendido. Conversó con el taxista y esperó hasta que hubiera definido a donde iba a dirigirme. Llamé a Heber desde el celular del taxista y parece que, dado que era sábado y, además, por la noche, no lo iba a encontrar. La señorita me informaba de varias opciones de hospedaje en la ciudad mientras esperábamos las coordinaciones del taxista. “Yo no tendría inconvenientes de ir donde tu me lleves”, le dije mentalmente a la guapa counter de Lan, que según recuerdo se llamaba Patricia.

Por fin, decidí ir al hotel Colonial. Heber, seguramente, estaría disfrutando de una fiebre de sábado por la noche y yo no iba a estropearle la jornada. Así es que enrumbamos al hotel, en el centro de la ciudad. A medio camino entre el aeropuerto y el hotel, entra una llamada a mi celular. José me dice: “Lucio, ¿donde estás?, espéranos que estoy yendo para el aeropuerto”. Le dije que ya andaba en camino y quedamos en que me esperaba en el centro mismo de la ciudad. Según me percaté, esa noche algunos candidatos estaban desarrollando sus últimos mítines de campaña en la plaza de Trujillo, previos a los comicios municipales del domingo siguiente.

Nos reunimos con José y una amiga suya. Me instalé en el hotel y fuimos a comer y celebrar mi llegada a la, no estoy seguro si, segunda o tercera ciudad del Perú. Probé la “Pilsen Trujillo”. La encontré buena. Por lo menos mejor que algunas que las que se toman en Lima. Cuando volví al hotel, me avisaron que un amigo mío había venido a buscarme. Supe que Heber, había abandonado su “fiebre de sábado por la noche”, para venir a recibirme. Debo decir, que la verdad es que Heber inmediatamente supo que estaba en Trujillo se ofreció de anfitrión y trató de coordinar con el taxista para que me dirigiera a alguno de los hospedajes económicos y de calidad. Pero como yo soy algo impaciente, decidí ir al primer hotel que se ofreciera cercano a los puntos de mis actividades. Además, como la llamada que le hice había sido realizada desde el celular del taxista, él, Heber, no había sabido como ubicarme.

Al día siguiente, luego de desayunar recibí la llamada de Heber y me dijo que estaba en camino. Lo esperé para ir juntos con José al instituto Leonardo Da Vinci, donde, por gestión del Inictel y con apoyo del congresista Urtecho, se viene realizando un curso de computación para personas con discapacidad. Desarrollamos algunas entrevistas y coordinaciones con los responsables del curso. Ya luego de todas las actividades, al medio día, nos fuimos a almorzar. Heber sugirió algunos lugares interesantes. Como era domingo, fuimos a comer unos cebiches en un restaurant que no recuerdo el nombre.

Tuve ocasión de conocer a un par de trujillanos, amigos de Heber, muy amables y ocurrentes. Se trata de unos comerciantes de calzado que frecuentemente viajan al Ecuador. Tuve la oportunidad de ir enterándome de la dinámica económica que se está perfilando en el norte del país. Personalmente no estaba al tanto de que en varias ciudades del norte peruano, pero en especial Trujillo, además del boom agroesportador, se ha ido desarrollando una sólida industria del cuero y el calzado.

Pero además, ahí con los amigos de Heber, uno de los cuáles es compadre suyo, conocí de la gran amabilidad y bonomía de la gente de Trujillo. Yo había oído de esto. De hecho, en general se sabe que la gente de las provincias suelen ser más amables que los de las capitales. Pero creo que en este caso, la bondad es marcadamente notoria.
Heber me había pedido que después de almorzar lo acompañara al Hospital Regional a visitar a un primo suyo que recientemente había sufrido un terrible accidente de moto donde había perdido las dos piernas. Se trataba de un joven de 21 años, proveniente de las zonas andinas de La Libertad. Llegamos al hospital y encontramos a varios familiares de Heber, visitando al joven. Vilcar, que así se llama, estaba notoriamente afectado. Tuve oportunidad de conversar unos minutos con él. Tratamos de compartir algunas experiencias personales para transmitirle ánimos. No sé si lo logramos, pero era evidente, que Heber le cambia el ánimo a cualquiera. Por lo menos el resto de los familiares estaban tan contentos de que este primo ciego, acompañado de un amigo también ciego, se hubieran dado el tiempo de venir a saber como estaba el joven Vilcar.

Ya por la noche estuvimos en casa del compadre de Heber y ahí, tuvo lugar otra de las cosas interesantes que me pasaron. Estábamos brindando con algunas bebidas espirituosas con Heber. Su compadre acababa de partir al norte. Y en eso, entra una llamada a la casa y la señora, comadre de Heber, luego de contestar, le pide a Heber: “compadre, por favor, acaban de robar la motocicleta del taller y David está en la comisaría, ¿podría usted llevarle la tarjeta de propiedad?”. Según pude notar, Heber es conocido y reconocido por su extroversión y generosidad. Heber dijo; “Claro, comadre, faltaba más. En qué comisaría se encuentra”.

Nos dirigimos a la comisaría. Cuando llegamos a preguntar, al parecer, nadie sabía de qué motocicleta o robo se trataba. Estábamos en plena indagación cuando llegó una unidad con varios efectivos que llevaban a un detenido. Se nos acercó un joven en sandalias y short a saludar a Heber. Este me presentó. Nos comentó que habían intentado robar la motocicleta pero que él mismo lo impidió. Había logrado no solo evitar el robo, sino que había reducido al tipo y además, había podido pedir apoyo para que acuda la policía. Mientras permanecimos unos minutos, desde donde nos encontrábamos, pudimos escuchar cómo obligaban al maleante a confesar su identidad. Al parecer ya tenía antecedentes. Se oían algunos insultos y amenazas. Recordé que la policía puede ser muy dura en cualquier parte.

Cuando nos retirábamos, Heber me comentó que este joven, David, era el jefe del taller de su compadre. David era conocido por su temperamento. Solo tiene 23 años, pero que es una especie de fiera silenciosa. Solo lo habían conocido descontrolándose en algunas jornadas de fútbol, pero que para haber agarrado a un delincuente con antecedentes, y, además, estando solo en sandalias, tenía que ser, como dijo Heber: “un bravo”.

Después de esta breve experiencia nos fuimos a comer. Una de las cosas que me llamaron la atención fue el costo bastante económico de la vida en Trujillo. A cada lugar que fuimos lo hicimos en taxi. Cada carrera nos salía de dos a tres soles. En una ocasión tuve la oportunidad de subir a una combi y noté que conocían a Heber.

Algo que también me llamó la atención, es que a diferencia de Lima, en Trujillo los cobradores de las unidades de transporte no llaman a grito pelado. No se percibe ese ambiente ruidoso de las esquinas y paraderos de Lima, donde uno puede permanecer varios minutos en una misma esquina, mientras el cobrador trata de llenar la combi. En este aspecto, Trujillo me hizo recordar a otras ciudades donde he estado, en las cuales el tráfico aún no ha caído en la barbarie limeña. De hecho, me sorprendió gratamente saber que en esta ciudad, los taxis han sido organizados por colores distintivos de manera que resulta más fácil su ubicación y control en caso de robos.

Al día siguiente, lunes 13, tenía previsto visitar el Colegio Especial “Tulio Herrera León”. El principal centro de educación y rehabilitación para personas con discapacidad visual en la ciudad de Trujillo. Debido a que José debía volver a Lima el domingo para cumplir con sus actividades normales de trabajo. Me ví forzado a contar con alguien para que nos facilite el traslado a los puntos de visita de ese lunes. Felizmente, Heber contactó a un amigo y colaborador suyo para servirnos como guía en la ciudad. Denis, un muchacho super buena honda, nos ayudó con la mayor voluntad en esa jornada de lunes.
En realidad yo pretendía hacer una visita muy rápida y discreta al laboratorio de cómputo del colegio Tulio Herrera. Pero la hospitalidad de la profesora Alicia Milagros y de la madre directora del colegio, nos permitió hacer un recorrido por todos los salones del centro.

Justo cuando llegamos, la directora y la profesora Milagros, salían a una diligencia. De modo que la señorita Rosmery fue encargada de guiar nuestro recorrido. Era la segunda vez que hacía una visita a un centro de educación especial. La primera fue en Lima por intermedio de la Unidad de Educación Especial del Ministerio de Educación. Pero esta era la primera vez que hacía una visita guiada a un centro para personas ciegas. Primero hubo una formación de alumnos en el patio, donde participamos de la presentación de los candidatos a la alcaldía del colegio. Un par de mítines algo multitudinarios y, uno de ellos, medio reguetonero pero muy simpático.

Después fuimos ingresando a cada salón. Saludamos a los alumnos que los habían desde pequeñitos de tres o cuatro años hasta jóvenes que ya están desarrollando estudios superiores.

Luego de esta visita breve, tenía previsto conversar con un contacto en el diario La Industria de Trujillo. Aquí también, en la sede del diario La Industria, percibí esa amabilidad y trato cálido de la gente trujillana. Pepe Hidalgo, jefe de la sección cultural de La Industria, nos proporcionó la información y datos que le solicité. Acordamos gestionar algunas iniciativas y movidas culturales apenas retomemos el contacto. Luego de ello, pude percibir otra diferencia extraordinariamente interesante respecto de Lima. En Trujillo, al igual que en algunas ciudades de países algo más concientizadas en el cuidado del medio ambiente, se ha dispuesto que de acuerdo con un cronograma establecido, hayan domingos en los cuales se cierran ciertas vías y calles al tráfico automotor y solo se permite el flujo de peatones. Esto permite no solo reducir la emisión de gases tóxicos, sino que además permite descongestionar la ciudad y darle un clima más agradable.

Después de la jornada de la mañana, nos fuimos a almorzar a una cebichería casi en las afueras de la ciudad. Nuevamente tuve ocasión de disfrutar el temperamento trujillano entre unos exquisitos cebiches y un par de negras interesantes. Un par de cervezas negras, por supuesto.

Por la tarde, debía asistir a la clausura del curso de computación desarrollado en el laboratorio de cómputo del colegio Tulio Herrera. Asistimos con Heber y Denis. Pude conocer a todos los participantes del curso a quienes, hasta ese momento, solo conocía por nombres. La jornada estuvo muy agradable, nos invitaron bocaditos, comentaron los incidentes durante el curso, creo que fue Carlitos quién me obsequió un CD con música hecha por él, luego Heber rompió una bandeja de cristal y la cosa se puso divertida.

Al final de la jornada a alguien se le ocurrió la buena idea de ir a comer algo para compartir unos momentos amigables. Fuimos a un Rocky’s en plena Avenida Larco de esta ciudad. No sabía que en Trujillo también se encuentran esta cadena de pollerías. De hecho, el lugar me pareció hasta más acogedor que los de Lima. Al entrar hay dos fuentes de agua a cada lado de la vereda de ingreso. Tuve el gusto de compartir con Charito Boy, presidenta de la Asociación de Ciegos Luis Braille, con Milagros y Rosmery, instructoras de cómputo en el colegio, con Abel y otros chicos. Velada muy simpática donde en un momento inesperado, Heber, tras darle un vehemente mordisco a la pierna de su pollo, se olvidó de mi nombre y me llamó Dionisio, provocando la risa general. Supongo que en alusión al Dios griego, yo espero que sí.

Esa misma noche partía de regreso a Lima por vía terrestre, luego de conocer una pequeña parte de esta ciudad llamada: “Ciudad de la Eterna Primavera”. La verdad es que yo he quedado con el compromiso y las ganas de volver apenas se den las condiciones, que espero sea pronto. Entretanto, por ahora, estoy procurando aprehender el potencial que ofrecen las diferencias de temperamento y de hábitos culturales entre unas ciudades y otras, entre unas realidades y otras para descubrir como la diferencia puede traducirse en el factor oxigenante de nuestras rutinas personales.
Hasta la próxima oportunidad, Trujillo.

11 de diciembre de 2006

PARA LUCÍA

Una mirada que imagino triste se posó en medio de mi soledad. No esperaba esta vorágine de sentimientos, pues ya casi me sentía acerado por el desamor.

Pero ella. Esta niña con penas de mujer, se metió sin querer en mi universo silente.
Algo me duele de ella, algo se diluye en mis manos, algo que al mismo tiempo no se desprende de mí.

Tengo una imagen de ella, una imagen que es solo mía. Tengo, también, la voz de ella que se quedó atrapada en un tranquilo almuerzo de medio día.

Hay días en que la ausencia de alguien se ensaña tanto con uno que no es posible siquiera disimular. Su ausencia se adueña de este instante que se hace eterno e implacable.
Lucía ya no está. Ella ya se fue y algo no volverá a ser lo mismo.
Ella me miró con esa mirada entre triste y serena. Ella percibió algo de mi universo. Supo que toda ella dormía, sin saberlo, entre mis sueños y mis días.

Solo sonrió con ternura, trató de ser amable y calló. Calló con un silencio dulce y delicado.
Acaso es suficiente decirle "Lucía, te quiero", ""me importas sin poder explicarme porqué".
Creo que no vasta. Siento que se necesita más que el cielo, la noche y las flores para decirle que me importa, que no he podido dejar de escuchar su voz y el sonido de su caminar. No, no es suficiente. Hay algún enigma vital que se esconde detrás de esa ternura que me es inhaprensible y que, sin embargo, necesito conocer y tener.

Ahora está lejos, tan lejos que siento un frío intenso. No sé si volverá. No sé si al oírla nuevamente, volverá con ella la primavera y ese leve calor que devuelve la vida de a pocos.
Lo que sé es que ahora, en este instante, la tengo aquí, en estas palabras que escribo, en esta pena que siento y en esta espera tan larga.

Una espera de alguien como ella. Alguien que pueda llegar con algo que por lo menos se parezca al amor. Pero que no tarde. Que no tarde más.

Mayo de 2006

EL SOL AL AMANECER

Observando el horizonte, siento ese leve resplandor que calienta levemente mi interior, inflama con su calor cada molécula dentro de mí. Cierro los ojos para dejarme invadir por ese leve calor que crece débilmente, Ese horizonte que recibe y nos va ofreciendo de a pocos los primeros rayos del sol; tiene la magia de la creación o de los primeros instantes de todo. A lo lejos se distingue, aún con los ojos cerrados, la vastedad de estos campos que van siendo bañados por esa luz matinal, envolviéndolo con ese manto cálido desparramando su luz vital por doquier.


No poder distinguir si se trata del amanecer o del ocaso es lo de menos. Solo se desea recibir en el fondo de sí toda la magia y hechizo infinito de esa luz eterna. El espectáculo se despliega ante mí en medio de un silencio matinal pero con toda la intensidad dentro y fuera mío. La extensión vegetal salpicada de árboles y campos con hierba recibiendo las proyecciones de esa luz que el amanecer ofrece día a día. Las hojas de los árboles reflejando la luz en pequeños racimos como estrellas y en el otro lado las sombras de los árboles escondiendo secretos de la noche que ya desfalleciendo nos recuerda algún misterioso sentimiento. Los dispersos estanques brillan intensos como pequeñas explosiones sordas que solo lanzan sus incandescentes destellos por entre el verdor circundante. y, por fin, el sol imponiéndose en el medio de todo haciendo mas perceptible aquella distancia entre el aquí y el horizonte.