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20 de marzo de 2011

"Odyssey Dawn"

yAHOO - eSPAÑA.
No sabemos si será el fin de Khadafi, no sabemos si por fin el pueblo libio tendrá el futuro de su país en sus manos. Lo cierto es que ayer sábado se inició la operación llamada "Odyssey Dawn" con un racimo de países occidentales apoyando, supuestamente, a la población civil opuesta al sátrapa Khadafi.
En parte, este tipo de hechos desmiente categóricamente la noción de que la violencia nunca resuelve nada. Todavía hoy, en pleno siglo XXI, la violencia tiene alguna función histórica, que tanto los países de occidente como algunos pueblos de Medio Oriente reivindican casi al unísono.
Ojalá un mecanismo similar funcione cuando se plantee la figura de un sátrapa tipo Bush, con todas sus consecuencias, con la misma inevitabilidad que hoy se aplica en Libia.

18 de marzo de 2011

Dice la Rebelde Klinton ...

ese odio por los dictadores que conmueve.

La jefa del Departamento de Estado norteamericano, Hillary Clinton, dijo desde Túnez:
"Queremos apoyar a la oposición que se levantó contra el dictador"

9 de marzo de 2011

Una Tierra, Dos Estados

Dialogo entre Sari Nusseibeh y Amos Oz.
La Vanguardia.
Este es probablemente uno de los diálogos más estimulantes que haya podido leer en los últimos tiempos. Un diálogo entre dos intelectuales de Medio Oriente, uno israelí y otro palestino, que además de la amistad, derrochan clarividencia y honestidad intelectual.
Parece desprenderse de esta conversación, la inevitable idea de que, para referirse al prroblema palestino-israelí, no es posible hablar de un Israel a secas, o de una Palestina a secas. Hay vertientes y matices en las posturas de cada sociedad, que puede generarnos la esperanza de una solución tangible en algún recodo del camino. Dejamos la nota aparecida en La Vanguardia:
Leyendo las memorias de Sari Nusseibeh (Once Upon a Country; A PalestinianLife) y Amos Oz (A Tale ofLoveand Darkness), es a veces difícil tener en mente que están escribiendo acerca de la misma tierra, que viven separados por menos de 40 kilómetros.
Sari Nusseibeh es un político y académico palestino, y la vida que describe es una de lucha por una tierra en la que su ilustre familia ha tenido un papel central desde el siglo VII. Amos Oz es un escritor israelí, y su relato tiene como trasfondo el regreso milagroso de los judíos -incluyendo a sus padres sionistas de Europa Oriental- a su patria ancestral después de siglos de Diáspora.
Sus relatos en ocasiones parecen mutuamente exclusivos, construidos sobre aspiraciones y agravios que no pueden reconciliarse. Los dos hombres, no obstante, se han hecho buenos amigos y han llegado a la misma conclusión: que el único futuro viable para su tierra es la de dos estados vecinos.
Se encontraron para esta conversación en Berlín, donde habían acudido para compartir un premio.
La conversación fue moderada por Serge Schmemann, editor de la página editorial de The International Herald Tribune.
SERGE SCHMEMANN: Caballeros, ustedes dos, en sus memorias, escriben acerca del mismo momento histórico, la fundación del Estado de Israel, pero es como si estuvieran hablando de sucesos totalmente diferentes.
En tu libro, Sari, escribes: "El año de mi concepción, 1948, fue testigo del colapso del sueño palestino ... "
Y en tu libro, Amos, ese mismo momento es uno de redención, cuando tu padre te dice: ``Desde ahora, desde el momento en que tenemos nuestro propio estado, nunca volverás a ser maltratado sólo porque eres judío y los judíos son unos tales por cuales. Eso no. Nunca más.
¿Cómo se pueden reconciliar alguna vez esas narraciones? ¿Acaso no deben ser reescritas para que haya paz?
AMOS OZ: No sé si sea necesario reconciliar los relatos. Creo que los relatos pueden seguir siendo diferente, e incluso contradictorios. Tenemos que reconciliarnos el uno con el otro. Tenemos que estar de acuerdo sobre el futuro, no acerca del pasado.
SARI NUSSEIBEH: Creo que hay algunos casos en los que las narraciones tienen que ser reconciliados. Hay algunos sucesos que ambos debemos revisitar para tratar de asegurarnos de que los dos vemos lo mismo. Pero estoy de acuerdo en general que son los individuos, que es la gente, la que debe reconciliarse.
Pero, para volver al padre de Amos, creo que es algo que no necesita ser "reconciliado". Para el pueblo israelí la construcción del Estado de Israel era algo muy especial - mucho más especial de lo que sería para nosotros, los palestinos...
OZ: ... Creo que tu historia es en buena parte el conflicto con nosotros, el enfrentamiento con nosotros ...
NUSSEIBEH: ... Sí, pero todo lo que sucede da forma a las identidades, y ciertamente lo que ocurrió en 1948 es para nosotros un suceso dramático que ha modelado nuestro pensamiento y nuestra identidad y nuestro presente, y probablemente seguirá modelando nuestro futuro. No estoy seguro en qué forma. Pero creo que hay una diferencia importante entre nosotros y ellos - si es que puedo llamarte "ellos".
OZ: Tú puedes llamarme lo que quieras.
NUSSEIBEH: Ustedes tienen su historia de largo plazo y la búsqueda de reunirse nuevamente. Después tienen el drama de la historia reciente, particularmente en Europa. Nosotros nunca tuvimos este tipo de drama en nuestro pasado. Siempre hemos sido gente más bien "normal". Creo que esto es una diferencia básica entre nosotros.
OZ: Nosotros estamos buscando también algún tipo de normalidad, pero me temo que nos hemos convertido en la anormalidad uno del otro.
Hablemos un poco, Sari, acerca de la infancia. Tú eras un niño en Jerusalén, a sólo 20 minutos de caminata de donde yo fui un niño, y la diferencia entre ambos es de unos pocos años. Pero tú creciste al otro lado de la barrera que ya dividía a Jerusalén (después de 1948). Yo crecí antes de que Jerusalén fuera dividida. ¿Cuál era tu concepción, tu idea, tu emoción acerca de esa gente al otro lado de la barrera?
NUSSEIBEH: Bien, yo nunca conocí a ningún judío o israelí antes de 1967. Así que al crecer al otro lado de la cerca, por así decirlo, crecí creyendo que eran criaturas muy malvadas. Me habían robado - y no sólo a mí, sino, lo que es más importante, a mi familia - no sólo un pedazo de tierra, pero de vida. Crecí con relatos acerca de esa vida narrados por mis padres. Yo imaginaba algo como un paraíso que existía antes del muro, un tiempo en el que mi madre, en particular, había sido robada. Robada por gente que para mí era sólo gente que había llegada de la nada, de Marte.
SCHMEMANN: ¿Cuál era tu imagen, Amos? Tú describes en tu libro cómo, cuando niño, ibas con tu tío a visitar a una prominente familia árabe. ¿Cuál era la impresión que tú tenías?
OZ: Mi emoción inicial fue también bastante en blanco y negro. Nosotros éramos los dueños del país. Era nuestra tierra ancestral. Sabíamos que otra gente estaba viviendo en la tierra pero deberían habernos dado la bienvenida, y no lo estaban haciendo, pese a que estábamos regresando a nuestras propiedades. Me lavaron el cerebro como a cualquier otro niño sionista.
Esta primera visita a una familia árabe rica en Jerusalén me abrió los ojos hasta cierto grado, porque como niño era la primera vez que tenía que enfrentar el hecho de que esta gente tenía un control sobre la tierra. Ellos eran la gente de la tierra. No eran idiotas, no eran visitantes, no eran nómadas.
Pero la actitud principal hacia los árabes, en mi y en alrededor mío, era temor y aprensión. Temíamos que una vez que la administración británica se retirara, los árabes nos mataran. Pensábamos, creíamos, los árabes nos matarán a todos. Pensábamos, creíamos, que estaban comprometidos con matarnos, y nos matarían, porque ellos son muchos y nosotros muy pocos. Así que había miedo y desconfianza. Miedo y desconfianza.
Y esto sólo cambió en mí en la adolescencia, cuando empecé a leer acerca de los palestinos y me obsesioné con la narrativa palestina y la historia palestina. No la acepté, no me convertí en "pro-palestino" - no soy propalestino hoy en día. Pero aprendí que esta narrativa es válida y que hay un choque entre dos narrativas válidas, dos reclamaciones válidas sobre la misma tierra. Y esto contribuyó a mi sentimiento de una tragedia colosal, y la definición de una tragedia es un choque entre lo correcto y lo correcto. O, a veces, un choque entre lo equivocado y lo equivocado.
SCHMEMANN: Ustedes, por supuesto, llegaron a aceptar la presencia mutua; se hicieron amigos. No obstante, aparentemente es más fácil para ustedes reunirse aquí, en Berlín, digamos, que en Jerusalén. ¿Es todavía posible para ustedes reunirse en Jerusalén y tener algo parecido a una amistad normal en su propia tierra?
NUSSEIBEH: Se ha hecho más difícil. Paradójicamente, pienso que inmediatamente después de la guerra de 1967, cuando un Israel victorioso reunió a Jerusalén, cuando cayó este muro entre lo blanco y lo negro, hubo más oportunidades para gente de ambos lados de la cerca para establecer contactos. Sé, por ejemplo, que mi padre, un hombre que conocía a personas en el otro lado, restableció esas conexiones. Y ellos nos presentaron con sus hijos. Así que inmediatamente después de 1967 hubo una especie de esperanza de que quizá la barrera estaba rota y quizá las cosas se podían unir nuevamente. No estoy seguro de que exista ya.
OZ: Muchos de nosotros no vamos a Palestina. Yo no voy a Palestina a menos que sea explícitamente invitado por un palestino. Si fuera a Palestina por turismo, si fuera a Palestina para ver cosas, si fuera a Palestina sólo como un atajo de Jerusalén a Arad, lo cual nunca hago, me sentiría culpable, me sentiría un invasor. Así que sólo voy a Palestina cuando recibo una invitación explícita de un palestino, lo cual ocurre de vez en cuando. No muy frecuentemente.
SCHMEMANN: ¿Era diferente antes? ¿Hubo un tiempo en que podías haber ido a almorzar a Ramallah?
OZ: Oh, sí. Inmediatamente después de 1967, como ha mencionado Sari. Inmediatamente después de la guerra de 1967, yo iba a Ramallah a comer en un buen restaurante o a ver a gente, simplemente por curiosidad. Había una sensación de lo temporal entonces. Había la sensación de que esa situación de la ocupación israelí en toda Cisjordania era una situación interina; que pronto los jordanos volverían o que habría una entidad palestina, habría una solución. Así que en el intervalo, ¿por qué no disfrutar de esta aventura de viajar al exterior sin necesitar un pasaporte y una visa? Eso se ha ido ahora; se ha ido ahora.
SCHMEMANN: ¿Sentirías tú lo mismo, Sari?
MUSSEIBEH: Ahora que Amos está diciendo esto, recuerdo que inmediatamente después de 1967, mis amigos y yo íbamos por ahí, visitando diferentes lugares en Israel. Pero no lo hago ahora. No es ya un placer para mí hacerlo.
SCHMEMANN: Al leer sus dos libros, uno tras otro, dos hombres iluminados que apoyan la solución de dos estados, había esperado acabar optimista acerca del futuro. Pero, para ser honesto, acabé sintiendo que la paz quizá no sea posible, que no va ocurrir. Tú escribes, Sari, que cada progreso importante lleva a "otro callejón sin salida". Y en uno de tus ensayos, Amos, hay un pasaje acerca de un "insondable abismo entre dos bandos en Israel, uno convencido de que no hay supervivencia con los territorios ocupados, y el otro que no cree que hay supervivencia sin ellos". ¿Cómo puedes creer todavía que la paz es posible?
OZ: Bueno, buenas noticias y malas noticias. Las buenas noticias son que la vasta mayoría de los judíos israelíes saben ahora que al final del día habrá una partición y una solución de dos estados. ¿Pero, les gusta? No les gusta. ¿Bailarán en las calles cuando se implante la solución de los dos estados? No estarán bailando en las calles. Particularmente porque no confían en los árabes. Dicen, denles un estado y exigirán más. Imagino, y esto es algo que Sari debe contestar, pero imagino que la mayoría de los palestinos no estarán felices con una solución de dos estados. Las malas noticias son los liderazgos. Necesitamos desesperadamente un liderazgo valeroso, visionario en ambos lados.
NUSSEIBEH: Yo creo que la solución de dos estados es posible, sigue siendo posible. Y creo que ambos bandos comprenden que una solución de dos estados pondrá fin al conflicto. Pero el problema es que nada parece estar llevando en esa dirección. Por el contrario, parece que estamos dando vueltas en el mismo círculo, o incluso hacia atrás.
En el lado palestino, hay una división entre Hamas y la Autoridad Palestina: está el hecho de que ahora tenemos un gran problema en llegar a un acuerdo en algo como un estado, o un acuerdo de paz con Israel. No obstante, creo que es posible. Es cosa de que algo suceda o algo surja, sea un líder o algo más, en nuestra sociedad o en la tuya, o en ambas, que rompa de alguna forma la barrera. Es como estar buscando un mago político.
OZ: Hay una necesidad urgente de un impulso emocional, de un progreso emocional. El conflicto no es principalmente un conflicto de bienes raíces, y tampoco es principalmente un conflicto religioso. Es un conflicto de emociones, de sentimientos lastimados, de desconfianza e insulto y dolor y humillación y temor - en ambos lados. Es tremendamente importante crear un cambio. Pienso en ese maravilloso gesto que nos dio el Presidente Sadat hace unos 30 años cuando vino a Israel, y de la noche a la mañana los israelíes se derritieron. Los israelíes que antes de la visita decían que nunca devolverían todo el Sinaí, que el Sinaí es más importante que la paz, se derritieron como mantequilla y estaban dispuestos a abrazar a Sadat y darle hasta la última pulgada del Sinaí a cambio de la paz.
Algo similar es necesario hoy en día en ambos bando. Algún gesto emocional, algún reconocimiento de las injusticias, algún reconocimiento de los sufrimientos del pasado. Creo que un líder israelí debe tomar la iniciativa porque los palestinos están bajo la ocupación israelí. Creo que un líder israelí debe ir a Ramallah, al Consejo Nacional Palestino, y hablar ante el pueblo palestino en la forma en que el Presidente Sadat habló a los israelíes en el Knesset en 1977. Decir a los palestinos: Sí, nosotros, los israelíes, asumimos parte de la responsabilidad por la tragedia el pasado. No de toda ella, pero de parte de ella. Lo hecho no puede deshacerse, pero haremos todo lo que podamos para corregir los errores del pasado y sanar las heridas del pasado.
Y quizá decir también al pueblo palestino que el primer asunto que debemos tratar es el de los refugiados, porque es realmente urgente. Jerusalén no es urgente. Puede esperar. Puede seguir sin resolver durante otra generación, puede no resolverse en tres generaciones. Pero los refugiados son cientos de miles de personas descomponiéndose en condiciones deshumanizadoras en los campos de refugiados. Israel no puede acoger de vuelta a estos refugiados o no sería Israel. Habría dos estados palestinos, y no habría un Israel, Pero Israel puede hacer algo, junto con el mundo árabe, junto con todo el mundo: sacar a esta gente de los campamentos, darle casa y empleo. Paz o no paz, en tanto los refugiados se estén pudriendo en los campamentos, Israel no tendrá seguridad.
NUSSEIBEH: Estoy de acuerdo. Haya o no una solución, el problema de los refugiados es un problema humano y necesita ser resuelto. Necesita atenderse. No puede ser archivado día tras día con la esperanza de que algo ocurrirá. La dimensión humana es mucho más importante en este conflicto que la territorial.
SCHMEMANN: Dada la profundidad de las emociones involucradas, de los agravios, la solución de dos estados va a requerir de grandes sacrificios. Se sentirá, como Sari ha dicho, como una amputación tanto para Israel como para Palestina. ¿Cuáles son las cosas más importantes que cada uno tendrá que cortar, que entregar?
OZ: Palestina es la tierra de los palestinos en la misma forma que Noruega es la tierra de los noruegos. Y a los palestinos se les está pidiendo que cedan una parte de su hogar. Es un sacrificio enorme, que se ha pedido a muy pocas naciones que lo hagan. Para nosotros, la tierra de Israel es nuestra tierra ancestral y la única patria que hemos tenido como pueblo. Y ambos bandos tendrán que entregar algunos de sus reclamos históricos, algo de lo que aman, algo de lo que consideran sus derechos legítimos, si desean tener algún futuro. Tendrán que pagar con la moneda del pasado para ganar algún futuro.
NUSSEIBEH: De lo que tienes que desprenderte es de algún vínculo emocional, de algunas creencias. Eso es muy doloroso. Carece totalmente de sentido que los palestinos y los israelíes estén en esta situación, creando dolor unos a los otros. Es interminable e inútil y sin sentido, a final de cuentas. Si el mundo entrara y dijera: estamos preparados para establecer una nueva visión para ustedes, creo que puede romperse el vínculo con las creencias y con el pasado, y que la gente puede avanzar plenamente hacia el futuro.
OZ: Pero tú, Sari, personalmente, permíteme preguntarte: la idea de que Arad, donde yo vivo y donde me has visitado, ya no sea Palestina, que nunca va a ser parte de de Palestina, ¿es una comprensión dolorosa, un sacrificio?
NUSSEIBEH: No. Ahora estoy buscando algo similar a Arad en Palestina, y estoy tratando de crear mi sueño allí. Y creo que en tanto tengamos buenas relaciones entre Israel y Palestina y pueda ir y visitar Arad ...
OZ: ... Cuando quieras ...
NUSSEIBEH: ... No creo que haya ningún problema
SCHEMEMANN: Lo que se dice frecuentemente acerca del Oriente Medio es que todos saben cómo va a terminar, pero nadie sabe cómo se va a llegar a eso. ¿Es eso cierto?
OZ: No estoy de acuerdo. Creo que debe terminar en una solución. Pero, desafortunadamente no sabemos si así es como va a terminar. Estamos en un surco y no sabemos cómo salir de él. No va suceder por sí sólo. Pero lo que ha estado sucediendo a lo largo de los últimos 10, 15, 20 años es que la gente de hecho ha llegado a creer que sucederá por sí sólo. No obstante, a medida que pasa cada día, en alguna forma se desvanece ese ser posible. Si se desvanece totalmente, tenemos un problema, un problema muy grande.
SCHMEMANN: Ustedes dos han encontrado un lenguaje común, una visión común del futuro, una amistad. Al mismo tiempo, sin embargo, sus países han cambiado y se han alejado aún más. La especie de nobleza palestina orientada hacia lo europeo de donde tú provienes, Sari, ha perdido su papel de liderazgo. Una élite palestina diferente está al mando. Y en tu caso, Amos, el movimiento kibbutz ashkenazi que describes en tu libro, con los pantalones caqui cortos y la pistola y todo ese romance, eso, también, se ha ido.
OZ: No me siento nostálgico acerca de los viejos tiempos. Aquellos eran los años 50, los 40. Esas eran las respuestas para aquellos tiempos: no son las respuestas para estos tiempos. Hablando políticamente, persiste el hecho de que el Primer Ministro Netayanhu está a la izquierda de donde estuvo Golda Meir en los años 70. Si Netanyahu hubiera promovido entonces la misma solución de dos estados que promueve ahora, sería expulsado del Partido Laborista de Golda Meir por izquierdista. Cuando mis colegas y yo empezamos a promover la solución de dos estados en 1967 había tan pocos de nosotros que hubiéramos podido celebrar nuestra asamblea nacional en una caseta de teléfonos públicos. Eso significa que el país entero, todo el lío que es Israel se ha desplazado a la parte de la izquierda, pragmática. ¿Es eso suficiente para el cambio que estoy esperando ver en la sociedad israelí? Ciertamente no. Pero no pasemos por alto el cambio.
NUSSEIBEH: Pienso que lo mismo es cierto del lado palestino. Si una o dos personas empezaban a hablar acerca de una solución de dos estados allá en 1967, eran dinamitados o los baleaban. Ahora la solución de los dos estados es una solución aceptable. La cuestión ahora no es si las cosas han cambiado, sino si el cambio va a continuar en la misma dirección, o si llegará el tiempo en que volvamos la mirada a un momento en que la solución de los dos estados de hecho parecía posible, pero ya no lo es. Antes, hoy, Amos estaba diciendo que lo que constituye un verdadero progreso es una transformación emocional, un suceso que obligue a la gente a abrir los ojos para verse el uno al otro. Yo insisto en que esto todavía es posible, todo es todavía posible. Lo que necesitamos es liderazgo, imaginación, visión.

8 de marzo de 2011

Están palpando el Asunto

Los halcones gringos se remueven en la silla.
P´´agina 12.
El militar gringo, ese que una y otra vez ha sido trasladado grandes distancias para penetrar en territorios ignotos a intervenir, invadir, prevenir, defender o directamente expropiar, asuntos propios o ajenos, hoy, marzo, en días en que una brava oposición están tras los huesos de Khadafi.
Revisando mapas virtuales, señales de radar, cartografía en 3D, el asesor militar gringo, se relame ante la posibilidad de entrar, armar y orientar a los combatientes libios que tratan de defenestrar al otrora todopoderoso Khadafi. Pero igual, de seguro, que con la misma codicia, se relame ante la posibilidad de controlar la interesante capacidad instalada libia, y sus recursos estratégicos. Sí pues, en estos temas, nunca se da puntada sin nudo.
La nota aparecida en Página 12 dice:
El canal de televisión Al Jazeera en inglés emitió grabaciones hechas por aviones estadounidenses al control de tráfico aéreo de Malta, pidiendo información sobre los vuelos libios, especialmente aquellos del jet de Khadafi. Se pudo escuchar a un avión estadounidense Awacs, número LX-N90442, contactando con la torre de control de Malta el sábado, pidiendo información sobre un jet libio Dassault-Falcon 900-5A-DCN camino de Amman a Mitiga, el propio aeropuerto vip de Khadafi.
Se oye al Awacs 07 de la OTAN que dice: "¿Tienen alguna información sobre un avión con la posición Squawk 2017 a unas 85 millas al este de nuestro (sic)?". El control de tráfico aéreo de Malta contesta: "Siete, eso suena como un Falcon 900 a nivel de vuelo 340, con destino a Mitiga, de acuerdo con el plan de vuelo".

26 de febrero de 2011

El Terremoto del Mundo Árabe

Por Robert Fisk.
Página 12.
Serán todos musulmanes, pero no llevan la bandera del Islam, sino la de la democracia, del voto y los derechos civiles. El peligro es la "tutela" militar y el enorme poder de los sauditas, enemigos de todo esto.
El terremoto en Medio Oriente de las últimas cinco semanas ha sido la experiencia más tumultuosa, terrible y aturdidora en la historia de la región desde la caída del Imperio Otomano. Por una vez, "shock y turbación" eran la descripción correcta. Los dóciles, supinos, impenitentemente serviles árabes dibujados por el orientalismo se transformaron en los luchadores por la libertad y la dignidad que nosotros, los occidentales, siempre presumimos que era nuestro único rol en el mundo. Uno después de otro, nuestros sátrapas están cayendo y la gente a la que le pagamos para que los controlara está haciendo su propia historia; nuestro derecho a meternos en sus vidas (que por supuesto continuaremos ejerciendo) disminuyó para siempre.
Las placas tectónicas siguen moviéndose, con resultados trágicos y hasta de humor negro. Son incontables los potentados árabes que siempre afirmaron que querían la democracia en Medio Oriente. El rey Bashar de Siria va a mejorar los salarios de los empleados públicos. El rey Bouteflika de Algeria de pronto abandonó el estado de emergencia del país. El rey Hamad de Bahrein abrió las puertas de sus prisiones. El rey Bashir de Sudán no se presentará como candidato a presidente otra vez. El rey Abdulla de Jordania está estudiando la idea de una monarquía constitucional. Y los Al Qaida están, bueno, más bien silenciosos.
Quién hubiera creído que el viejo en la cueva de pronto saldría, encandilado y enceguecido por la luz del sol de la libertad en lugar de la oscuridad maniquea a la que se han acostumbrado sus ojos. Hubo muchos mártires en el mundo musulmán, pero no hay una bandera islamista a la vista. Los hombres y mujeres jóvenes que están llevando a su fin este tormento de dictadores eran en su mayoría musulmanes, pero el espíritu humano era más grande que el deseo de morir. Son creyentes, sí, pero llegaron aquí primero, derrocando a Mubarak mientras los secuaces de Bin Laden todavía piden su derrocamiento en videos anticuados.
Pero ahora una advertencia. No se terminó. Estamos experimentando hoy esa sensación cálida, apenas húmeda, de antes de que comiencen los truenos y los relámpagos. La última película de terror de Khadafi todavía tiene que terminar, aun con esta terrible mezcla de farsa y sangre a la que estamos acostumbrados en Medio Oriente. Y su inminente caída pone la vil adulación de nuestros propios potentados en una perspectiva aún más afilada. Berlusconi -quien en muchos aspectos ya es una burla fantasmagórica de Khadafi mismo- y Sarkozy y Lord Blair de Isfahan están tomando un aspecto aún más venido a menos que lo que creíamos. Escribí en un momento que Blair y Straw habían olvidado el factor "sorpresa", la realidad de que esta extraña luminaria libia está absolutamente loco y sin duda haría otro acto terrible para avergonzar a nuestros amos.
Todos le están diciendo a Egipto que siga el "modelo turco", que parece involucrar un agradable cóctel de democracia e Islam cuidadosamente controlado. Pero si esto es verdad, el ejército de Egipto mantendrá un ojo no deseado y no democrático sobre su pueblo en las décadas por venir. Como abogado, Ali Ezzatyar señaló: "Los líderes militares de Egipto han hablado de amenazas a la 'forma de vida egipcia'... en una no tan sutil referencia a las amenazas de la Hermandad Musulmana. Esto se puede ver como una página sacada de un libro de estrategia turco". El ejército turco resultó un hacedor de reyes cuatro veces en la historia turca moderna. ¿Y quién si no el ejército egipcio, hacedor de Nasser, constructor de Sadat, se libró del general Mubarak cuando el juego terminó?
Y la democracia, la real sin restricciones, imperfecta pero brillante versión que nosotros en Occidente hemos cultivado tan tierna y correctamente, no va a crecer feliz en el mundo árabe con el pernicioso trato de Israel a los palestinos ni con su robo de tierras en Cisjordania. Ya no es más "la única democracia en Medio Oriente", como Israel sostenía desesperadamente -en compañía de Arabia Saudita, por Dios-, y decía que era necesario mantener la tiranía de Mubarak. Presionó el botón de los Hermanos Musulmanes en Wa- shington y fortificó el habitual temor al lobby israelí para hacer descarrilar a Obama y a la Clinton nuevamente. Enfrentados con manifestantes pro democracia en las tierras de la opresión, volvieron a apoyar a los opresores hasta que fue demasiado tarde.
Sin embargo, en Bahrein tuve una experiencia deprimente. El rey Hamad y el príncipe heredero Salman anduvieron haciendo reverencias a su población, setenta por ciento chiíta, abriendo las puertas de las prisiones, prometiendo reformas constitucionales. De manera que le pregunté a un funcionario del gobierno en Manama si esto era realmente posible. ¿Por qué no tener un primer ministro elegido en lugar de un miembro de la familia real, los Khalifa? Chasqueó su lengua. "Imposible", dijo. "El CCG nunca podría permitir esto." Donde dice CCG -el Consejo de Cooperación del Golfo- léase Arabia Saudita. Y aquí, me temo, nuestra historia se oscurece.
Le prestamos muy poca atención a esa banda autocrática de príncipes ladrones; creemos que son arcaicos, iletrados en política moderna, ricos (sí, "más allá de los sueños de Creso", etc.) y nos reímos cuando el rey Abdulá ofreció hacerse cargo de las deudas del régimen de Mubarak con Washington y nos reímos cuando el viejo rey les promete 36 mil millones a sus ciudadanos para que mantengan la boca cerrada. Pero éste no es un asunto de risa. La revuelta árabe que finalmente sacó a los otomanos del mundo árabe comenzó en los desiertos de Arabia, con los jefes tribales confiando en Lawrence, McMahon y el resto de nuestra banda. Y de Arabia vino el wahabismo, una poción profunda -con espuma blanca encima de lo negro- cuya espantosa simplicidad atraía a cada posible islamista y a suicidas en el mundo sunnita musulmán.
Los sauditas acogieron a Osama bin Laden y a Al Qaida y al talibán. No mencionemos que ellos proveyeron la mayoría de los atacantes suicidas del 11 de septiembre. Y los sauditas ahora creerán que son los únicos musulmanes todavía en armas contra un mundo que se ilumina. Tengo la infeliz sospecha de que el destino de esta festividad en la historia de Medio Oriente que se está desarrollando antes nosotros será decidida en el reino del petróleo, los lugares sagrados y la corrupción. Estén alertas.
Pero una nota más alegre. Estoy buscando las citas más memorables de la revolución árabe. Tuvimos "Vuelva señor presidente, estábamos haciendo un chiste" de un manifestante anti Mubarak. Y hemos tenido el discurso estilo Goebbels de Saif el Islam el Khadafi: "Olvídense del petróleo. Olvídense del gas, habrá una guerra civil". Mi propia cita favorita, egoísta y personal llegó cuando mi viejo amigo Tom Friedman de The New York Times se reunió conmigo para un de- sayuno en El Cairo con su habitual sonrisa. "Fisky -dijo-, un egipcio se me acercó ayer en la plaza Tahrir y me preguntó ¡si yo era Robert Fisk!" Eso es lo que yo llamo revolución.


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.


23 de febrero de 2011

Twiteros de todos los países, uníos!

La disidencia de Twitter.
Página 12.
En Página 12 se plantean la cuestión de cómo así las redes sociales o herramientas Web 2.0 pueden haber sido decisivas en la denominada revolución del Medio Oriente. Conviene no olvidar que la comunicación virtual es una de las formas actuales de la interacción humana. Vale decir, que más allá de la naturaleza misma del modo o del soporte con que se establece esa comunicación, el encuentro de pareceres o anhelos entre personas, el acercamiento, esa interacción se despliega inevitablemente. Agentes como Twitter, Youtube, Facebook, parecen ofrecer, aportar, ventanas muy activas, altamente dinámicas, y crecientemente móviles, para el establecimiento de esa interacción humana.
Aquí lo que se señala en Página 12:
A nadie se le hubiera ocurrido llamar al Che Guevara "radialista" porque se comunicaba con el pueblo cubano a través de Radio Rebelde. Pero si la revolución fuera en la actualidad y el Che tuviera una cuenta de Twitter, los medios no dudarían en llamarlo "El líder twittero".
Las recientes rebeliones populares en el norte de Africa volvieron a revivir el mito de la "revolución Twitter" como había sucedido en Irán.
Página/12 publicó en octubre pasado un artículo del periodista y sociólogo canadiense Malcom Gladwell, aparecido originalmente en The New Yorker, titulado "La revolución no será twitteada" (Radar, 3/10/2010) quien de alguna manera intenta desarticular este mito planteando la existencia de "lazos fuertes" dados por la relaciones cercanas, de amistad, compañeros de trabajo o universidad, etc. y que en el caso de las rebeliones implican "poner el cuerpo" y "lazos débiles" como los que se generan en Facebook o Twitter, donde basta apretar "me gusta" sobre una buena causa para sentir que se está participando. No viene mal releerla a la luz de los nuevos hechos.
¿Hay participación cuando se escribe un comentario en Facebook, cuando se deja un mensaje en el contestador de una radio o cuando se manda un sms para que vuelva Cristian U a Gran Hermano? ¿Se puede considerar militancia el envío de micromensajes de 140 caracteres sin salir de tu casa?
David D. Kirkpatrick, en The New York Times, relata cómo es la nueva generación de activistas egipcios denominada "generación Facebook", cuyo exponente más visible quizás haya sido el ejecutivo de Google Wael Ghonim. Si bien puede llegar a decirse que hasta fue fundamental el uso que hicieron de las herramientas informáticas, la organización y el conocimiento entre ellos fue previo, en las universidades, en los puestos de trabajo, en el territorio. Muchos ya estaban organizados en grupos pequeños o no tanto, como la Hermandad Musulmana.
Kirkpatrik relata una acción que demuestra la importancia de los "lazos fuertes" para que una acción comunicativa repercuta: "La noche anterior a la manifestación del Viernes de Furia, el grupo se reunió en casa de El Elaimy, mientras Lofti llevaba a cabo lo que él llama 'un estudio de campo'. Entre las 18 y las 20, él y un pequeño grupo de amigos caminaron por los estrechos callejones de los barrios de la clase obrera y alentaron a gritos a la gente para que saliera a protestar, con el objetivo de medir el nivel de participación y evaluar el ritmo de marcha de una eventual manifestación por las calles. "Lo gracioso es que cuando terminamos, la gente no se quería ir", comentó. "Eran 7000 y habían quemado dos patrulleros." (1) De hecho, la rebelión continuó a pesar de que se cortaron los teléfonos e Internet.
Con la misma lógica muchos se preguntan: ¿por qué en Cuba no pasa lo mismo que en Egipto si también el gobierno lleva 30 años en el poder? En lo que parece ser una gran simplificación en la que ha caído, por ejemplo, la "famosa" bloguera cubana Yoani Sanchez, desconociendo las redes "reales" que se tejen al interior de la isla, al parecer mucho más fuertes que las "virtuales". De hecho, Yoani es mucho más conocida fuera de Cuba por los detractores de la Revolución que al interior de la misma. Algo similar quizás a lo ocurrido en Irán, donde hay menos de 10.000 usuarios de Twitter y menos de 100 de ellos parecen activos (2), donde la mayoría de los mensajes sobre el tema están en inglés y no en persa, lo que hace suponer que la mayoría de los tweets se hizo desde el exterior.
Las réplicas a estas críticas no se han hecho esperar, sobre todo de los gurúes tech o de activistas (más validas a mi entender) como los de Greenpeace, quienes señalaron: "los lazos débiles" pueden convertirse en "lazos fuertes". No podemos darnos el lujo de rechazar estos recursos solamente por generar "lazos débiles". Sería tan estúpido, como rehusar al dinero de un niño que quiere donar sus ahorros por considerarlos "escasos". Sería insultante, insensible e "irresponsable".(3)
El debate en torno de estas herramientas de comunicación recién empieza como para ser tajantes en las apreciaciones. Pero quizás, como dice Gladwell en un nuevo artículo referido esta vez a Egipto y que recuerda lo relatado anteriormente por Kirkpatrik: "en la Revolución Francesa la multitud en las calles se hablaba, uno a otro, con ese extraño, todavía hoy largamente desconocido instrumento conocido como voz humana. La gente con un reclamo siempre encontrará formas de comunicarse una con otra. Cómo eligen hacerlo es menos interesante, al final, que por qué fueron impulsados a hacerlo"

19 de febrero de 2011

Libia: curarse en Salud

Restringir el acceso para sobrevivir.
Gible.
Luego de lo visto en Tunez y Egipto, otros países similares, árabes y despóticos, empiezan a poner las barbas en remojo. No se sabe aún con certeza el grado de catálisis que han proporcionado las redes sociales para estos fenómenos en el Medio Oriente, pero, lo cierto es que una de las primeras medidas que están tomando algunos regímenes del norte de áfrica, ha sido restringir o perjudicar el acceso a Internet, y específicamente a las redes sociales.
Las Redes Sociales, tipo Facebook o Twitter, pero sobre todo, la calle, han sido los escenarios de una respuesta inusitadamente interesante para expresar el descontento contenido por décadas en esa región tan lastrada por dictaduras y despotismos tolerados además, por occidente.
La nota de Gible versa así:
Las protestas de Túnez se extendieron a Egipto y a varios de países de Oriente. Uno de estos países es Libia, y su Gobierno con Muammar al-Gaddafi a la cabeza, está tomando medidas de censura para que la información no salga al exterior.
Según la organización de derechos humanos Human Rights Watch, al menos 84 manifestantes pacíficos habrían perdido la vida durante las protestas de ayer viernes en manos de las fuerzas de seguridad del régimen.
La mayor parte de las protestas han tenido lugar en Al Baiba, Bengasi, Zenten, Derna y Ajdabiya. En la convocatoria de estas protestas ha jugado un papel importante Internet, especialmente servicios como Facebook o Twitter.
Las redes sociales están jugando un papel importante y esto no pasa desapercibido para los gobiernos en conflicto con su pueblo.

Vía: Gible.