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31 de julio de 2011

El Nóbel Apocalíptico

Vargas Llosa sobre el conocimiento y la informacion.
Vargas Llosa
Gratificado de tener a Vargas Llosa, nada más ni nada menos, en mi terreno, en mi materia. En el blog no oficial del escritor premio Nóbel Vargas Llosa, se publica uno de sus últimos artículos, en el que aborda el tema del disloque entre información y conocimiento, a partir de su lectura del reciente libro de Nicholas Carr, Superficiales: Qué está haciendo Internet con nuestras mentes.
No es este post, un exámen riguroso, ni mucho menos, del artículo de nuestro escritor. Sería demasiada pretensión. Sí, una revisión genérica y aleatoria, para seguir el espíritu de su reflexión, de algunas de sus tesis formuladas en dicho artículo. Para empezar, el gran MVLL, parte del paradigma ya conocido en él, de que la cultura, y en este caso, la lectura puede ostentar un esquema, un paradigma estricto y oficial. Se aferra a la lectura retirada frente a los clásicos saltos de información en la Web. Prefiere la fuente, el texto mismo, a la referencia, como puede ser google o Wikipedia. Y por supuesto, en eso, lleva razón.
De otro lado, MVLL destaca las admoniciones que en su día hiciera el gurú de los Mass Media, McLuhan, que en alguna parte dijo algo así como
el medio es el contenido.
Para MVLL, a partir de las formulaciones de Carr, la experiencia de la Internet, por lo menos tal como la conocemos hoy, le está imprimiendo a nuestro modo de inteligir, ese halo fragmentoso que le es inherente a la navegación en las mega esferas de información. Es obvio que la inevitable retroalimentación en el modo de operar y dizcurrir en eso que llamamos Internet está reconfigurando nuestra manera de adquirir y procesar información, y por lo tanto, de construir o reconstruir conocimientos. Pero, el problema, no es eso en realidad, quiero decir, el hecho de que nuestros hábitos de recreación de conocimientos y pensamientos se vea signado por nuestro modo de interactuar con la información disponible. Sino, creemos aquí, en qué manera eso se adapta mejor a las condiciones que hoy nos ofrece la realidad.
Cuando uno lee al gran Mario Vargas Llosa inquietarse y alarmarse como hace en su artículo, nos trae, en cierto modo, la imagen aquella de Jorge, el bibliotecario ciego de El Nombre de la Rosa, de umberto Eco. Probablemente es excesiva la metáfora, pero, no deja de retrotraernos la impronta temerosa y desconfiada del cuidador de las grandes colecciones de la abadía aquella en la novela de Eco. Ciertamente, en parte es comprensible estos llamados a la conciencia que hacen algunas personalidades de la vieja escuela, como Vargas Llosa, Alberto Manguel, e incluso el propio Umberto Eco.
Lo que no hay que hacer, es olvidar que en el fondo, estos ingenios de la tecnología, como son la informática, la automatización, y la interactividad de la información, son intentos aún incompletos y fallidos, de emular el cerebro humano, su sinapsis, su jerarquización de información, y su reproducción de conocimientos. Los modelos que se han usado para generar los algoritmos que rigen los procesos de flujo y reconfiguración de la información, provienen de nuestra imagen previa del modo en que opera nuestra mente.
La cibernética y la posterior informática tienen ese sello, ese ADN constitutivo. Son serios intentos por remedar nuestras funciones cerebrales. Y, tal como se tiene sabido, aún son precarias y burdas. La lógica de linkear enlaces o íconos con hipervínculos, pretende en el fondo, reproducir nuestra forma innata de recordar, nuestro modo aleatorio de recuperar datos o información almacenados en nuestras memorias.
Si uno sigue el curso de la historia del conocimiento registrado, para eso y más nos sirvieron los estudios seguidos en san marcos, en realidad, el imprimir ideogramas y luego grafías sobre superficies visibles por el ojo humano, resulta más artificial, más contrahecho respecto de nuestro modo de inteligir y procesar información. La epopeya de gutemberg no hizo sino maximizar las posibilidades de la intelección, a partir de la visualización de impresos. Si imaginamos que podemos acumular y almacenar ingentes cantidades de folios, códices, libros y colecciones de colecciones de texto; luego sistematizarlos en materiales de referencias para poder navegar en dichas metacolecciones, para recuperarlos adecuadamente, y finalmente, procesar su contenido mediante la capacidad de intelección del usuario o lector, podríamos concluir que ese paradigma, ese esquema, ha sido bastante tosco, elemental, y poco inclusivo.
Creo que detrás de las aprehensiones de MVLL, está el preservar, conservar, ese paradigma. El del intelectual clásico, casi viviendo en medio de galerías interminables de colecciones de conocimientos y sabiduría humana. Un especialista del intelecto, en toda regla.
El problema, el punto, es que dados los saltos que se han producido en la técnica, y puntualmente en la automatización, ese paradigma puede perfectamente estar ingresando en su etapa terminal. Y eso es lo que hace saltar las alarmas de estos buenos y valiosos exponentes del saber y pensar clásicos. MVLL, qué duda cabe, es un clásico del pensar y crear. Por tanto, cuando el entorno, la realidad se enrarece a su alrededor, cuando las bases mismas de aquello que le permitió ser lo que es, un ilustrado a la manera clásica, a la europea, es natural que salten sus alarmas y nos prevenga de eso que para él, y para todo erudito moderno, como es, les resulte extraño y amenazante.
Tampoco es, creo, atendible la desconfianza que MVLL expresa respecto de esa presunta dependencia del usuario de Internet, o de la información digital en general. El fenómeno del uso y reproducción de material cognitivo por parte de los usuarios de la información digital es bastante más complejo que la sola pasividad del usuario ante el medio, tal como lo señala MVLL. La permanente interacción de un usuario de Internet, o de dispositivos móviles, por poner otro caso en la información digital, le permite al usuario, puede hacerlo, adquirir otras nuevas habilidades como la capacidad de jerarquización, la operatividad de factores distintos entre sí, la simultaneidad, etc. Sin duda McLuhan tenía razón, pero no, o no tanto, en el sentido negativo en que MVLL quiere traérnoslo. Los medios le imprimen su sello al contenido, y los procesos actuales de acceso y reproducción de contenidos, le imprimen su sello a nuestra forma de decodificar, inteligir y reproducir contenidos, sean estos, conocimientos o información.
La irremisible fragmentación de los contenidos que define a la Internet de hoy, se refleja inevitablemente en el modo de adquisición de contenidos en el usuario. Esto, por sí mismo, hace comprensible la afirmación del profesor Joe O'Shea de que:
Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido,
y al que MVLL le tiene pavor. Una de las primeras víctimas de la interactividad y la simultaneidad de la información, ha sido sin lugar a dudas, la idea de linealidad. Hoy, un lector de literatura, por lo general, lee varios libros en paralelo. De hecho, en muchos casos, no necesariamente lo hacen en reposo, sino, viajando, transitando, volando de una ciudad a otra, incluso caminando cuando se trata de un audiolibro reproduciéndose en un iPod. Más aún, desde el punto de vista del creador, el escritor de novelas por poner un ejemplo, suele hoy escribir varias historias en paralelo, siendo que se publiquen como parte de una misma obra, o siendo que serán obras separadas.
Mi impresión es que detrás de estos llamados a la emergencia de MVLL, está lo que él entiende por aquello de:
... que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura.
que definitivamente requiere más que un post, talvez un libro para fundamentarlo.
La cita que hace MVLL de Van Nimwegen, sobre:
confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce "la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos".
puede ser, en un importante sentido, falso. Pues, a los ordenadores básicamente le confiamos ciertas actividades rutinarias y mecánicas. La parte creativa, constructiva y organizativa, sigue estando en manos del usuario. Constatar que hay unos usuarios de PC más ordenados que otros, es una muestra de esto que decimos.
Finalmente, con todo el respeto que nuestro Nóbel nos significa per ce, su referencia a la AI, inteligencia artificial, nos sugiere la incompletitud de su postura. La era del Internet, esta y más aún la que sobrevendrá, presumiblemente no se basará en la inteligencia artificial de marras, sino, tal como lo ha esbozado Vernor Vinge, en la INTELIGENCIA AMPLIFICADA. Vale decir, en una forma de capacidad intelectiva basada en la interminable sinapsis generada por los millones y millones de usuarios de la red. La interconexión de miriadas de usuarios es más relevante, lo será de seguro, que la autonomía cibernética, en la que se basa la AI. Esa sinapsis o macrosinapsis inminente, no necesariamente significa una degradación de nuestras habilidades para forjar estructuras de conocimiento. No tenemos que imaginar o suponer un apocalípsis para encarar esa noción, ese nuevo paradigma en el conocimiento humano.

21 de febrero de 2011

La Epopeya de Ray Kurzweil

Permanecer en el cosmos al margen del cosmos.
Time.
Ray Kurzweil es uno de esos tipos, norteamericanos, excéntricos, filantrópicos, obcesos, y carismáticos que ha producido la postmodernidad. Inventor, creó el OCR, filántropo, creó la primera máquina de lectura automatizada para ciegos, optimista de la tecnología, ferviente impulsor de la noción de singularidad tecnológica, etc.
Acaba de lanzarse, en diversas salas de cine norteamericanos, el documental "El Hombre es trascendente", donde se muestra la vida y la permanente obcesión de Kurzweil por superar o remontar la condición de mortales del ser humano, específicamente, de su cuerpo y su cerebro. Según se comenta, Ray Kurzweil hace rato viene consumiendo una serie de preparados sintéticos que le permitan preservar sus funciones vitales más básicas a fin de llegar a los cien años, y si es posible, al punto de no muerte
Sí, así como se lee. Según el documental, dirigido por Barry Ptolomeo, para el año 2045 el ser humano, tal como lo conocemos hoy, logrará un punto de cohesión, casi de fusión, con las máquinas, hasta el grado de conservar nuestra subjetividad al margen del factor físico.
Más allá de las consideraciones de este film, la cuestión que se abre es esbozar cómo puede ser viable una continuidad de la especie homo, (ser humano), sobre una plataforma física radicalmente distinta a la conocida hasta hoy. Como ejercicio de exploración, como desafío al factor de la naturaleza, no está mal.
Así mismo, y tan importante como lo anterior, es la cuestión de si la preservación, la permanencia, o lo que Kurzweil llama "inmortalidad", es suficiente. si la sola permanencia tiene sentido por sí misma.
En cualquier caso se trata de temas que no son superfluos ni frívolos. Pues comporta una forma trascendencia radical, incluso si la especie "homo" no tuviera lugar en un esenario postsingularidad.

Tecnología para la Libertad

Sobre el carácter de la tecnología moderna ... o, postmoderna.
Avaaz.
Ciertos debates sobre la historia de la tecnología han mostrado cómo es que la noción propiamente dicha de tecnología, la tecnología moderna, habría estado, en su origen, íntimamente ligada a criterios estratégicos y de dominación. La tecnología nació, de acuerdo con esta perspectiva, con el defecto genético de su diseño para la guerra, para la dominación, para la destrucción. Los primeros cristales para ver a grandes distancias, fueron concebidos, para la guerra. Los primeros artefactos aerodinámicos, lo fueron, para su uso en las guerras. Incluso ciertos ingenios usados en otros contextos culturales, como la pólvora con sus usos religiosos, en occidente, fueron trocados en armas de destrucción.
La misma noción primigénea de Internet, fue concebida dentro de bases militares, eso fue el proyecto Arpanet. Del mismo modo, los sistemas de telecomunicaciones hoy vigentes, como la telefonía celular, la navegación espacial, la nanotecnología, tienen fuertes componentes estratégicos, bélicos, de dominación, de poder.
Por eso, resulta casi una ironía los llamados que se hacen desde diversos ámbitos, como el de Avaaz, donde se solicita apoyar los movimientos de protestas en el Medio Oriente, mediante el envío de tecnologías de comunicación y conectividad a Internet. Procurándole un uso radicalmente distinto al que viene prescrito en el ADN de la tecnología de la modernidad occidental. Ciertamente el uso, la aplicación de esa tecnología, es un factor que puede redefinir la naturaleza, el carácter de la tecnología que se esté usando. Qué duda cabe.
Sin embargo, talvez, del mismo modo como los ímpetus liberadores y humanitarios pueden y deben ver en la tecnología como un agente posibilitador de sus sueños, convenga poner el mismo ímpetu en el otro sentido. Vale decir, imprimirle a la tecnología un carácter emancipador y liberador de las potencialidades humanas, hasta el punto de modificar su código genético y hacerla consistente con la vida y su ensanchamiento.
Ello exige un debate cada vez más abierto y taxativo acerca del valor y el horizonte de la tecnología actual. El espontaneísmo, puede estar bien para las calles, y para ciertas coyunturas. Pero el espontaneísmo puestos en la agenda de los centros tecnológicos, cuyo combustible es la rentabilidad cruda, pero sin una dirección segura, puede sencillamente incrementar las condiciones actuales de dominación, de restricción, de estrechamiento de las posibilidades humanas.
China quizá se perfile como un laboratorio para probar o considerar estas cuestiones. Una sociedad de gran ímpetu generador de tecnología, hardware por ahora, lastrada sin embargo, por un régimen que constriñe el desarrollo de la democracia y la participación libre de sus ciudadanos.
Venga la tecnología, que la necesitamos. Y junto con eso, devolvámosle el carácter intrusivo. si la tecnología invade cada vez más nuestras vidas, cabe procurar que la vida, invada y penetre cada vez más a la tecnología.

8 de febrero de 2011

El Síndrome de la Escalera

La proverbial necesidad de pisar o vilipendiar para ascender.
Puente Aéreo.
En el intrincado discurrir de la vida intelectual peruana, existe un tipo de rasgo, de temperamento que en el fondo es una más de las tantas manifestaciones del complejo de sentirse y ser peruano. Un rasgo que se expresa en la necesidad de disminuir lo que nos es ajeno, aún cuando se encuentre en nuestro entorno, directamente vinculado a nosotros. Es el síndrome de la escalera.
Consiste básicamente en pisar lo que es inferior o lo que se considera que es inferior a nosotros; pero, con una finalidad puntual, a saber: erigirse a costa del escalón de abajo. Pisar y por lo tanto, hundir, para elevarse. Hé ahí la lógica de nuestras mayores pasiones. Y esto, no escapa a prácticamente ningún estrato social o cultural de nuestra sociedad. El caporal latigueará al peón, pero este, apenas tenga la opción, pisoteará al indio, al de las punas. El dueño de la fábrica, blanco por lo general o por tradición, humillará al empleado, el criollo, y este, apenas pueda, pisoteará al nuevo, o al provinciano recién llegado. Este, el provinciano a su vez, cuando vuelve a sus pagos, tratará de mirar por encima a quienes aún no han salido de su terruño. Y así, en una espiral interminable de humillaciones y ninguneos contínuos e indefinidos.
Todos, en algún momento, han, hemos, sufrido el síndrome de la escalera, y, sin ninguna duda, lo han usado aplicadamente. Esto tampoco escapa, no tiene porqué, al mundo intelectual y cultural peruanas. Deben ser muy escasos los personajes e intelectuales que se han visto absueltos de este curioso y exótico lastre típica y tópicamente peruanos. Incluso hasta el propio Rivagüero, a pesar de su condición aristocrática, sufrió alguna vez los embates de este rasgo nuestro, en la universidad de San Marcos. El ejecutante de este síndrome, de esta lógica, puede ser un redomado papanatas o un taimado pendenciero. O puede, también, ser un competente o estilizado escribidor que suele poner su talento letrado, para ejercer y ostentar el mismo lastre que el caporal, que el criollo, (entiéndase costeño), o el mestizo andino que humilla al indígena de las punas.
Un caso paradigmático de este rasgo peruanísimo, de este complejo de ser peruano, es, por ejemplo, el del periodista Fernando Ampuero. Cito alguna de las cosas que recientemente ha soltado en el Blog Puente Aéreo:
Esta gente, los argolleros de Hora Zero, son seres oscuros, feos y sucios, ...

El periodista Fernando Ampuero, también es escritor. Un escritor que está allí, pero que es más conocido por su actividad de periodista. Para los detallosos: "es esta una muestra mía de ese síndrome de la escalera?. Probablemente sí. Aunque, es obvio que ni me interesa, ni podría ascender al mundillo NICE de Ampuero. Lo cierto es que frente a ciertas críticas que además vienen de diversos frentes, acerca de las barreras y candados en el establishment cultural peruano, lo único que Ampuero ha sabido, o podido hacer, es hechar mano de esta "lógica de la escalera". Claro, en este caso, no con quienes son inferiores a él, sino, con quienes él, Ampuero, cree o sueña que son inferiores a él. Ampuero, en sus consabidos alegatos, suele reivindicar una curiosa "dignidad de lo nice". En el sentido de lo bello, de lo perfumado, de lo fashion. Recordar esa alusión a los libros que Bryce vendía en Wong.
Pârte de esto, se percibió, pues para percibir esto, los peruanos parecemos tener una antena super entrenada, en el libro "el Pez en el Agua" de Vargas Llosa. Por ello la cierta antipatía que se granjeó el escritor, luego de aquella publicación.
Otro ejemplo, puede ser claramente la decisión de García, de congraciarse con la universidad de Yale, a costa de maltratar la valía del centenario del nacimiento de Arguedas. Nuevamente, "pisar lo que se considera como inferior o menor, para ascender otro escalón. Una práctica menos evidente pero no por ello menos notoria, es la de consagrarse o premiarse en cofradía, entre los intelectuales y artistas, pero, y es el indicador que lo define, omitiendo o ignorando a quienes se asume como inferiores, o ajenos a la cofradía.
El síndrome de la escalera obliga a sus usuarios, a adiestrarse en el manejo de la franela o del plumero, a la vez que ejercitarse en la zancadilla o directo pisotón contra los del escalón inferior, o, en su caso, contra aquellos a quienes quiere mandarse a ese escalón inferior de la escala social, cultural, económica o política.
Un caso que se va ahciendo consuetudinario es la del crítico Faverón, del blog Puente Aéreo. Poner en juego toda su habilidad retórica y pirotécnia verbal para aparentemente convencer y convencerse a sí mismo de alguna idea ingeniosa, todo para al final, terminar revelándose como consumado usuario de ese síndrome de la escalera.
Desplegar enrevesadas sentencias y fórmulas explicatorias sobre tópicos en muchos casos relevantes, se diluyen en la ineludible vocación de ningunear, vilipendiar, disminuir, y en no pocos casos, injuriar a sus víctimas de escalón.
No se trata de disminuir o ningunear a estos exponentes del ninguneo consuetudinario entre nosotros. No cabe mezquinarles calidades en lo suyo a cada cuál. Ampuero, no es un mal escritor. Tampoco es trascendental o, como gusta decir Faverón, "crucial". Faverón, suele ser muy interesante para opinar y discurrir, aunque barrocamente, acerca de temas de su especialidad, la narrativa. García es un político eficaz y exitoso. No, no se trata de ningunearlos, solo de destacar y sacar a luz, un rasgo típicamente nuestro, del que probablemente no estemos excentos del todo. Es un lastre que cargan tanto quienes son de derecha, o quienes se saben de izquierda. Por eso, no es baladí, no es un tópico menor en la tarea de cartografiar el panorama intelectual y cultural que nos alberga.

28 de enero de 2011

La Naturaleza

Respetarla o Cultivarla.
La vanguardia.
El filósofo Slavoj Zizek, casi en la misma línea de Juan Gelman, expone en su reciente artículo El Mundo que viene, una serie de consideraciones acerca del estado en que se presenta la naturaleza en los últimos tiempos.
Se percibe ese tono de alarma, de admonición para o replantear nuestra conducta con la naturaleza, o proclamar la ineficacia de la ciencia para lograr eso que parece ser cada vez más escasa en ella, a saber: la estabilidad. Zizek nos dice con su ironía peculiar:
Entren al perverso placer del martirio prematuro: "¡Ofendimos a la Madre Naturaleza, así que recibimos lo que merecemos!". Estar dispuesto a asumir la culpa de las amenazas a nuestro medio ambiente es algo engañosamente tranquilizador. Si somos culpables, entonces todo depende de nosotros; podemos salvarnos simplemente cambiando nuestro estilo de vida. Desesperada y obsesivamente reciclamos papel viejo, compramos comida orgánica, lo que sea para asegurarnos de que hacemos algo, que contribuimos. Pero igual que el universo antropomórfico, mágicamente diseñado para la comodidad del hombre, el así llamado equilibrio de la naturaleza - que la humanidad destruye brutalmente con su arrogancia-es un mito. Las catástrofes son parte de la historia natural. El hecho de que las cenizas del modesto estallido volcánico en Islandia hicieran aterrizar a la mayoría de los aviones en Europa es un muy necesitado recordatorio del grado en que nosotros, los humanos, con nuestro tremendo poder sobre la naturaleza, no somos nada más que otra de las especies vivientes sobre la Tierra, y dependemos del delicado equilibrio de sus elementos.

Luego, Zizek se pregunta sobre qué es lo que nos depara el destino, y su respuesta parece comportar ese grado de desorientación que lastra toda pregunta sobre lo que nos espera en el futuro cercano. Nos propone, el filósofo Zizek, apostar por alguna forma de vida nómada, posibilitando el flujo de grupos humanos de un lugar a otro, muy probablemente en la línea de lo que el gobierno alemán acaba de esbozar con su política de apertura a la inmigración.
Pero más allá de tales consideraciones, cabe preguntarse si no es ya tiempo de ubicar a la naturaleza en su real dimensión, vale decir, la de un factor complementario a la vida humana, y por lo tanto suceptible de ser domada o, más bien, cultivada. A estas alturas del curso de nuestra historia, queda claro, o debería quedarlo, que tanto la visión aquella, primigénea, panteista, y antropomorfa de la naturaleza, es básicamente insuficiente cuando no poco operativa. Pero, al mismo tiempo, la otra visión, la istrumental y cosificadora de la cultura occidental, resulta ya inconveniente y si nos ponemos, hasta francamente suicida.
De modo que luego de decidir concientemente acerca de la metafísica de la naturaleza, se impone decidir una pragmática coherente con esa metafísica. Pero, el referente y medida desde donde cabría partir, es el único que tenemos. A saber: el ser humano.
La naturaleza, como tal, es un factor que concurre en el estado actual de crisis y amenaza que se cierne sobre la condición humana. Pero, el número humano es otro. Es acaso, un factor inevitable. Y, dada las circunstancias no cabe siquiera plantearse otra alternativa a reflexionar desde la condición humana. Por supuesto, cabe la pregunta de: ¿y, porqué tendríamos que considerar a la naturaleza como una eventual amenaza?. "¡Eso es antropocentrismo!". Cierto, es así. Justamente porque no hay escapatoria a esa cuestión, es que cabe encarar la cosa de ese modo.
Porque, si quisiéramos evitar el prurito del "antropocentrismo", la alternativa podría ser más apocalíptica que eso que queremos evitar. Vale decir, si optásemos por respetar a la naturaleza desde criterios tradicionales, tendríamos que operar sobre el factor humano. Y eso implica resolver la cuestión maltusiana de: "somos demasiados". Que en su forma operativa significaría no solo interrumpir bruscamente la reproducción humana, sino, la de reducir drásticamente las que ya existen. Y eso, adquiere inevitablemente proporciones hasta genocidas. Cabe recordar además, que esa opción no está descartada por ciertos sectores reaqccionarios, aunque al Dr. Luis Piscoya no le guste el término.
Por su parte, la lógica occidental, tal como ya lo decíamos, resulta tan o más inconducente que las visiones o cosmovisiones pre-modernas. La ciencia y la técnica occidentales, tal como las conocemos hoy, parecen haber ya dado lo que podían o tenían que dar. Pero, en ningún caso pueden seguir sirviendo para gestionar la realidad y el mundo que se nos avecina. por lo cual, se impone una revisión radical de los fundamentos que las rigen, y de los procedimientos que se derivan de ellos.
La naturaleza, tal como lo dice Zizek, no es ya esa madre bondadosa que nos amamantaba y nos proporcionaba todo lo necesario para la subsistencia humana. Ni tampoco es esa mujer a la que podíamos estuprar y ultrajar impunemente, tal como la civilización occidental parece haber decidido en algún momento de la historia. Talvez toque cortejarla, seducirla, acaso preñarla, en rigor, cultivarla; que pasa por el hecho de transformarla, recrearla y reproducirla, pero desde un horizonte humano.

22 de octubre de 2010

Sobre la función del Arte

Víctor Shklovski.
Víctor Shklovski.
Para devolver la sensación de la vida, para sentir el objeto, para que la piedra sea piedra, existe lo que se llama el arte.

21 de octubre de 2010

Lo Cómico de la Doble Moral en la Cultura Occidental

Umberto Eco, se ríe y nos hace reir de nosotros mismos.
El Comercio.
En agosto, encontré una página de Internet que describía varias formas de cocinar un gato. Sin importar si era broma o en serio, los defensores de los derechos de los animales elevaron la voz en todo el mundo. Adoro a los gatos. Son de las pocas criaturas que no se dejan ser explotadas por sus dueños -al contrario, los explotan con cinismo olímpico- y su afecto por la casa prefigura una forma de patriotismo. Entonces, me repugnaría que me dieran un plato de estofado de gato. Por otra parte, los conejos me parecen igual de lindos que los gatos, y aún así me los como sin ningún escrúpulo.
Me escandaliza ver perros pasear libremente en sus casas chinas, jugando con los niños, cuando todo mundo sabe que serán comidos a fin de año. Pero los cerdos -animales altamente inteligentes, según me dicen- vagan en las granjas occidentales, y a pocos les preocupa el hecho que su destino sea convertirse en jamón. ¿Qué nos inspira a considerar incomibles ciertos animales cuando los antropomorfizamos, mientras otras criaturas adorables -terneros, por ejemplo, o corderitos- nos parecen eminentemente apetitosas?
Los humanos somos animales muy raros, capaces de mucho amor y de cinismo aterrador, igual de dispuestos a proteger un pez de color que a hervir una langosta viva, aplastar un ciempiés sin remordimientos y tildar de bárbaro al que mata una mariposa. Similarmente, aplicamos una doble moral cuando enfrentamos dos sentencias capitales nos escandalizamos con una y nos hacemos de la vista gorda con otra. Algunas veces me siento tentado a coincidir con el escritor rumano Emil MihaiCioran, quien afirmó que la creación, una vez que escapó de las manos de Dios, debe haber quedado a cargo de un demiurgo: un chapucero torpe, incluso tal vez un poco ebrio, que se puso a trabajar teniendo en mente algunas ideas bastante confusas.

26 de mayo de 2010

El DalaiLama y la Responsabilidad

Sobre las nociones que se imponen por sí mismas.
Twitter.
En el timeline de mi cuenta en Twitter, encuentro el siguiente tweet:
DalaiLama[reply/1 create/DalaiLama.][ favourite/ retweet/ 5 hours ago
If we are truly concerned about the environment, we must think not only for this generation, but for future generations as well. from web.
Literalmente, el tweet del DalaiLama dice:

20 de enero de 2010

Telurismo y Agnosticismo

Algunas Réplicas de los sismos en Haití.
Saber que son doscientos mil, y no cien mil, los muertos en Haití, o que hoy veinte de enero, la intensidad del sismo fue 6.1 y no 7.3 como fue la semana pasada, me basta para blasfemar sin culpas contra tanta devoción y respeto por la naturaleza.
Ese telurismo que ostentan tantass culturas tradicionales, como la andina, la africana, las mesoamericanas, etc. me resulta hoy, luego de confirmar tanta tragedia concentrada en un solo lugar, y además, un lugar tan trágico como es Haití, de una ironía insufrible. Si realmente algo así como un espíritu subyace en la naturaleza, en la "mamapacha", debe tratarse de un espíritu bastante perverso, o por lo menos, sicótico.
cómo es posible que precisamente donde ya los dramas sociales, políticos y económicos, se regodean con especial inclemencia, encima, se desate un sismo de tales dimensiones como lo sucedido en Puerto Príncipe. Si algún espíritu habita en la naturaleza, sencillamente me resulta deplorable y sin mérito a todo el valor que gratuitamente se le ha obsequiado.
En fin, más allá de herejías panteistas, considero tal como lo señalaba el filósofo juan Abugattas a inicios de este siglo, el hombre tiene un reto fundamental, ante la amenaza de una eventual extinción, a saber.
Decidir por sí mismo, si debe permanecer o no. Y si su permanencia, comporta algún sentido trascendente para sí, y para su entorno.
Esto es, más allá de cualquier forma cultural, los criterios para asegurar la continuación de la especie humana, no pueden atender a consideraciones panteistas o ecologistas radicales. Tiene que partir de la condición del propio ser humano. el problema es suyo, y la solución debe venir de él.
Ahora bien, talvez, eso sí, el hombre sencillo, el miserable, puede ser la medida el referente, para determinar el punto de partida en cualquier proyecto humano. si se va a hablar de la especie, de la humanidad, hay que referirse a algún hombre en concreto.
Diablos, talvez, merced a toda esta tragedia, por segunda vez dependamos de la ayuda de Haití. Ojalá que sí.